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El dandi asesino

 

 

José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez-Morris nació en Madrid el 28 de abril de 1923.

 

Hijo de una familia acomodada, fueron sus padres José María Jarabo Guinea, español y letrado de profesión, y Teresa Pérez-Moris Cañal, de origen portorriqueño. Posteriormente la familia varió el apellido dejándolo en Pérez-Morris.

 

El niño José María haciendo equilibrios sobre una silla.

 

José María Jarabo era sobrino de Francisco Ruiz Jarabo, presidente del Tribunal Supremo y años más tarde Ministro de Justicia.

 

Francisco Ruiz Jarabo, presidente del Tribunal Supremo.

 

Estudió en los mejores centros de enseñanza  de Madrid, entre ellos el prestigioso Colegio Nuestra Señora del Pilar en el barrio de Salamanca, cuna de políticos, empresarios y ejecutivos de la época a los cuales tuvo por compañeros.

 

Colegio de Nuestra Señora del Pilar.

 

En 1940, recién cumplidos los 17 años, José María convertido en un fortachón y apuesto muchacho, simpático, distinguido, con hechuras de galán cinematográfico y refinada educación, dejó los estudios para viajar a Puerto Rico junto a su familia.

 

Puerto Rico

 

Probablemente el divorcio de sus padres hizo que su madre  se volcara en él, mimándolo en demasía, lo cual contribuyó a que el joven José María llevara una vida desordenada de golfería y gandulería así como una inagotable adicción por los drogas, el alcohol y el sexo que le llevaron a padecer más de una enfermedad venérea.

 

A los veinte años José María se casó con Luz Álvarez, una rica heredera con la que tuvo un hijo, pero cinco años más tarde se produjo el divorcio debido a su referida inmoralidad.

 

José María con su familia.

 

Se trasladó entonces a Nueva York donde tampoco le fueron bien las cosas, pues fue expulsado del país tras pasar cuatro años en prisión por tráfico de estupefacientes y pornografía.

 

Aunque su familia permaneció en Puerto Rico, Jarabo regresó a Madrid en junio de 1952, con una suma de quince millones de pesetas que su madre le entregó para que se estableciera e instalara un negocio en la capital.

 

La calle Alcalá, años 1950-60

 

Además, mensualmente, José María recibía puntualmente ocho mil pesetas para sus gastos personales.

 

Jarabo simuló dedicarse a las representaciones pero la realidad es que jamás trabajó y, continuando con sus hábitos de “bon vivant”, esa fortuna le permitió convertirse en uno de los personajes más admirados y solicitados por las féminas de la noche capitalina.

 

Durante dos años, el tiempo que tardó en dilapidar el dinero, José María se erigió, cual Petronius, en el árbitro de la elegancia madrileña, pues no hay que olvidar que en aquella época Madrid, con todos los respetos, era una ciudad pueblerina, totalmente distinta a la de nuestros días.

 

Madrid, 1952. Una mula se cae delante del tranvía de la línea 17.

 

Jarabo hablaba en perfecto inglés por haber residido en Estados Unidos, conducía coches de alta gama, lucía trajes confeccionados por los mejores sastres artesanos de la villa y corte,  frecuentaba los mejores restaurantes y las mujeres le asediaban en las “boites” de moda del foro madrileño.

 

Uno de los automóviles de Jarabo.

 

Al parecer, uno de los principales atractivos masculinos de los que se hablaba de Jarabo, entre su corte de admiradoras de todo género y conducta, es que estaba muy bien dotado sexualmente.

 

Jarabo aparecía siempre rodeado de mujeres.

 

Sus constantes apetitos carnales le obligaban a reemplazar a menudo a sus parejas, ya fueran amigas o prostitutas.

 

Sin embargo, su adicción a las drogas y el excesivo consumo de alcohol desencadenaba en él una continua agresividad, que a menudo afloraba en disputas y peleas motivadas por asuntos de rivalidad relacionados con faldas.

 

Al quedarse absolutamente sin dinero, Jarabo se dedicó con su poder de seducción a embaucar y estafar a cuanta gente se le puso por delante, dando nombres falsos, empeñando alhajas e incluso hipotecando la magnífica villa que su familia poseía en la calle Arturo Soria de la capital madrileña.

 

En el verano de 1956 Jarabo conoció a Beryl Martin Jones, una inglesa residente en Lyon casada con un francés.

 

Panorámica de Lyon, Francia.

 

Beryl había viajado sola a Madrid, como turista, para reflexionar sobre el futuro de su matrimonio que al parecer no andaba muy bien.

 

La inglesa se enamoró perdidamente del seductor Jose María con el que sostuvo un largo idilio durante todo el verano.

 

José María con Beryl.

Al llegar el otoño, el gasto descontrolado en hoteles, caprichos y el desenfreno de las noches madrileñas junto a Beryl le pasó factura a José María, al que las ocho mil pesetas mensuales que le enviaba su madre no le cubrían sus gastos.

 

Fue entonces cuando reparó en un hermoso anillo que lucía su amante. Un solitario de oro con un precioso brillante, regalo de su esposo, cuyo precio podría estar en más de 50.000 pesetas de los años 1950-60.

 

Haciendo gala, una vez más, de su gran poder persuasivo, Jarabo le pidió prestado el anillo a su amante para empeñarlo hasta recibir una importante cantidad de dinero procedente de sus negocios en el extranjero.

 

Beryl, enamorada y entregada a  los placeres sexuales que le ofrecía su compañero, no reparó en entregarle la joya.

 

Jarabo pensó entonces en una tienda que figuraba como un negocio de compra-venta, denominada Jusfer, un antro regentado por dos tipos de dudosa reputación, en el número 19 de la calle Sáinz de Baranda, al que acudían con urgencia de dinero aquellos que no podían hacerlo a través del Monte de Piedad, casa de empeños legal de la época.

 

La tienda de los prestamistas.

 

En Jusfer se aprovechaban de las desgracias de las personas necesitadas tasando los objetos cedidos por éstas muy por debajo de su valor real, teniendo que pagar luego, para poder recuperarlos, más del triple de su valor empeñado, en un escaso plazo de tiempo si no querían exponerse a que el objeto ya se hubiera vendido.

 

Los dos usureros  que regentaban Jusfer eran Emilio Fernández Díaz y Félix López Robledo, quienes le ofrecieron cuatro mil pesetas por la joya.

 

Emilio Fernández

 

Félix López

 

José María y Beryl pensaron que era un abuso pero, por otra parte, que también les sería más fácil recuperarla al cabo de pocos días.

 

Con la llegada del invierno, Beryl se puso enferma y su esposo viajó a Madrid para persuadir a su mujer de que volviera a Lyon a pasar las fiestas de Navidad.

 

Apenas sin tiempo para despedirse de Jarabo, Beryl retornó a Lyon y ya jamás volvieron a encontrarse.

 

No obstante, Beryl siguió en contacto con su amante a través del correo, y en una de sus cartas le recordó a José María la conveniencia de recuperar el anillo empeñado en Jusfer, obsequio de su marido.

 

Para colmo, su familia de Puerto Rico le comunicó que iban a regresar a Madrid. Las cosas se le ponían feas a Jarabo, pues se iban a descubrir sus correrías y su forma de vida.

 

En la primavera de 1958 José María fue a Jusfer a desempeñar la joya, pero uno de los propietarios le dijo que no podía hacerlo, puesto que en el documento constaba que la propietaria era una tal Beryl y que, sin su expresa autorización por escrito, no podían entregarle el solitario de oro.

 

Jarabo les dijo que tenía una carta de Beryl donde le instaba a recuperar la joya y que seguramente podría servir como autorización.

 

Emilio, uno de los prestamistas, le respondió que les llevara la carta para ver si podría valer.

 

Al día siguiente Jarabo regresó con la carta, a la cual dieron su conformidad la pareja de explotadores, pero para recuperar la alhaja le pidieron diez mil pesetas, un 250 por ciento más del dinero prestado.

 

Como Jarabo no disponía de esa cantidad acordaron que volvería más adelante, cuando tuviera el dinero. Como aval para no revender la sortija convinieron en quedarse la carta y guardarla en su caja de caudales.

 

La carta de Beryl.

 

Mediaba el mes de junio cuando Jarabo, con las diez mil pesetas, volvió al antro de los usureros. Su sorpresa fue mayúscula cuando éstos le comunicaron que, ahora, para recuperar el anillo y la carta, que además contenía revelaciones y confesiones íntimas, tenía que pagarles el doble.

 

Jarabo comprendió que, por las buenas, jamás podría llegar a un acuerdo con aquel par de timadores, por lo que fingiendo ser un teniente coronel de Aviación, coleccionista de armas, adquirió una pistola FN calibre 7,65 mm. a un sereno nocturno del madrileño Paseo de la Habana.

 

La pistola adquirida a un sereno nocturno.

 

La víspera del 18 de julio, día festivo en Madrid por celebrarse el Glorioso Alzamiento Nacional, Jarabo llamó a los usureros para decirles que tenía dinero y joyas por valor suficiente para recuperar el anillo y la carta.

 

Voluntarios en la Puerta del Sol de Madrid, (julio de 1936).

 

Quedaron en verse en la tienda el sábado 19 a las 20,30 horas pues en aquella época se trabajaba los sábados por la tarde.

 

Como de costumbre, José María que vestía siempre de forma impecable, esa noche escogió para la ocasión uno de sus trajes más elegantes.

 

José María Jarabo

 

Los días de lujo y derroche se habían terminado, por lo que Jarabo vivía en una modesta pensión de la calle Escosura nº 21, de la que salió con tiempo suficiente para acudir a la cita, pero conoció en el camino a una mujer con la que estuvo coqueteando y llegó a la tienda cuando ya estaba cerrada.

 

Entonces decidió ir directamente al domicilio de Emilio Fernández que vivía muy cerca de allí, concretamente en el piso cuarto de la calle Lope de Rueda, 57.

 

Poco antes de las diez de la noche, se coló en el portal de la finca aprovechando un descuido del vigilante y, para no dejar huellas dactilares, abrió la puerta del ascensor con los codos y pulsó el botón del timbre del domicilio con el pulgar de la uña.

 

Le franqueó  la puerta Paulina Ramos, una asistenta de 26 años que trabajaba en la casa, quien le hizo pasar al salón donde se encontraba Emilio. Éste, al verle, montó en cólera recriminándole su presencia y diciéndole que los temas comerciales se trataban en la tienda, pero jamás en su domicilio privado. Acto seguido lo expulsó de su casa.

 

Paulina Ramos Serrano

 

José María se dirigió a la puerta de salida, abriendo y cerrando la puerta para que Emilio pensara que se había marchado, pero a renglón seguido regresó hacia el cuarto de baño donde se encontraba el prestamista y sin mediar palabra le disparó en la nuca causándole la muerte instantánea.

 

Al oír el disparo la sirvienta acudió rápidamente hacia el lugar del crimen y al contemplar la escena quiso pedir auxilio pero Jarabo se lo impidió, golpeándole en la cabeza con la culata de la pistola, tapándole la boca y clavándole en el corazón el cuchillo con la que la pobre muchacha estaba trabajando en la cocina.

 

Pocos minutos después hizo acto de presencia en el piso Amparo Alonso, esposa de Emilio.

 

Amparo Alonso

 

Sorprendida al ver a José María sólo en el salón, éste con su característico desparpajo y simulando ser un inspector de Hacienda, le comentó a la señora que su marido y Paulina habían tenido que salir con unos compañeros suyos para aclarar una cuestión relacionada con piezas substraídas y que no tardarían en regresar.

 

El tiempo iba transcurriendo y a pesar de la labia y palique del asesino, Amparo empezó a desconfiar de éste y al observar una mancha de sangre en su ropa, en un descuido de Jarabo, acudió al cuarto de baño descubriendo los cadáveres de Emilio y Paulina.

 

El cuerpo sin vida de Emilio Fernández en el cuarto de baño.

 

Al poco tiempo la desafortunada yacía también muerta sobre la cama, con un tiro en la cabeza. Fue un doble crimen pues Amparo estaba embarazada.

 

El cadáver de Amparo Alonso.

 

Acto seguido, José María revolvió todo el piso en busca del anillo y de la carta de su amante, pero no halló nada, a excepción de la llave de la puerta de Jusfer y de algunas joyas de las que se apropió. Registró la ropa de los difuntos y se apoderó de su dinero.

 

A sabiendas de que el portal de la vivienda estaba cerrado, pues eran más de las doce de la noche, Jarabo optó por quedarse en el piso, junto a los tres cadáveres, hasta la mañana siguiente.

 

Decidió crear, entonces, una atmósfera de crimen pasional. Trasladó el cuerpo de Paulina a la habitación de ésta, la colocó  en la cama y le quitó la ropa rasgando las prendas íntimas que llevaba, para simular un abuso sexual.

 

Se cambió su camisa ensangrentada por una del difunto, y colocó en una mesa varias botellas de alcohol y copas manchadas de carmín medio vacías y derramadas, para simular una noche de orgía.

 

Al día siguiente, domingo, en cuanto abrieron el portal de la escalera, José María, se marchó del lugar de los hechos y pasó la mañana en el cine Carretas donde se proyectaban películas en sesión continua.

 

Cine Carretas.

 

A la salida, y después de hacer su diaria ronda por los bares que solía frecuentar, regresó a su pensión para descansar y preparar la visita del día siguiente, en la tienda de Jusfer, a Félix López Robledo, el socio del prestamista asesinado.

 

La mañana del lunes 21 de julio de 1958, Jarabo madrugó más que de costumbre para dirigirse a Jusfer. Una vez allí, abrió la tienda con la llave que había sustraído en el piso de Emilio y se escondió en su interior, esperando la llegada de Félix.

 

Puntualmente, como cada jornada, Félix abrió la puerta de Jusfer sin sospechar que sería su última vez. Agazapado le esperaba Jarabo que, sin mediar palabra, le disparó dos tiros en la nuca.

 

Su última víctima Félix López Robledo en la tienda Jusfer.

A continuación buscó por toda la tienda el anillo y la carta de Beryl, pero tampoco esta vez encontró nada.

 

Al observar la gran sangría que amenazaba con salir por debajo de la puerta hacia el portal, José María la taponó esparciendo un saco de serrín que encontró en la tienda. Después se hizo con un lujoso maletín donde metió su ropa manchada de sangre junto a otros objetos y alhajas que consideró de valor.

 

Se puso uno de los trajes pignorados existentes en el local y acto seguido se dirigió a la tintorería Julcán de la calle Orense, 49 de la que era cliente habitual y les entregó la ropa ensangrentada, así como el maletín, para que se la guardaran hasta el día siguiente para cuando fuera a retirar las prendas.

 

Tintorería Julcán.

Para justificar las manchas de sangre les dijo que la noche anterior había tenido una pelea con un chulo, al que le había partido la nariz, en la sala de fiestas “El Molino Rojo”.

 

El Molino Rojo.

 

Uno de los vecinos de confianza de los propietarios de Jusfer, extrañado al observar la tienda cerrada durante toda la mañana, acudió al domicilio de Emilio donde nadie le respondió. Habló entonces con el portero de la escalera, quien le comentó que no había visto entrar ni salir al matrimonio ni a la sirvienta.

 

José Pacheco y su esposa, porteros del inmueble de la vivienda de Emilio Fernández.

 

Llamaron entonces al teléfono de la vivienda y, al ver que nadie contestaba, optaron por telefonear al domicilio de su socio Félix. Respondió a teléfono la compañera de éste, Ángeles de las Nieves Mayoral, quien, extrañada, manifestó que Félix se había ido temprano como cada mañana para abrir el local.

 

Angeles de las Nieves Mayoral compañera de Félix López.

 

Ante la sorpresa y el misterio los vecinos decidieron comunicar los hechos en la comisaría.

 

Cuando la policía descubrió los cuatro crímenes, con la cantidad de sangre derramada, dedujo que el asesino posiblemente habría tenido que acudir a alguna lavandería o tintorería por lo que se ordenó una investigación en todos locales de limpieza.

 

Los dueños de la tintorería Julcán declararon a la policía que, efectivamente, uno de sus clientes les había entregado para su urgente limpieza, un traje que les llamó la atención por la gran cantidad de sangre acumulada, máxime tratándose de una hemorragia nasal. También les había confiado un maletín que recogería al día siguiente.

 

Uno de los dueños de la tintorería mostrando el maletín que les confió Jarabo.

 

La policía procedió a abrir el maletín y encontró en su interior, junto a otros objetos, la pistola FN calibre 7,65 mm. que el asesino había utilizado para llevar a cabo sus crímenes.

 

Jarabo anduvo el lunes recorriendo tabernas y pasó la noche con dos mujeres que había conocido en el bar Chicote, con las cuales quería acostarse. Como no consiguió quien le alquilara una habitación, pasearon toda la madrugada en taxi hasta el amanecer. Después de haber parado para desayunar, le indicó al taxista que les condujera hasta la tintorería de la calle Orense.

 

Bar Chicote.

 

Cuando al mediodía del martes 22 de julio José María acudió al establecimiento para recoger el traje se encontró con la presencia de policías que le detuvieron sin que opusiera resistencia. Desde allí fue trasladado a la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol.

 

Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol.

 

Ficha policial de Jarabo el día de su detención.

Con la sangre fría que siempre le caracterizó solicitó que, desde el restaurante Lhardy, llevaran comida y una botella de coñac francés para todos. Incluso consiguió que le inyectaran morfina al tiempo que iba confesando los asesinatos. Se arrepintió de la muerte de las dos mujeres pero no así de los usureros que le habían extorsionado.

 

Restaurante Lhardy.

 

La repercusión que tuvo en la sociedad la noticia del cuádruple crimen ejecutado por Jarabo (principalmente el de las dos mujeres, una de ellas embarazada) impresionó a todo el país y le crearon un desprecio general.

 

Fue tal el morbo que se originó en torno a la figura de José María que, el jueves 29 de enero de 1959, cuando se celebró en la Sala V de la Audiencia Provincial de Madrid el juicio contra el asesino, el local estaba repleto de periodistas y gente famosa de todos los ámbitos.

 

Multitud de gente haciendo cola ante la Audiencia Provincial para presenciar el juicio.

 

Durante los cinco días que se prolongó la causa, Jarabo se presentó como un verdadero dandi luciendo cada día un traje diferente.

 

Cabe señalar, como curiosidad, que el semanario de sucesos “El Caso”, en su edición 325, alcanzó una cifra de ventas de medio millón de ejemplares, batiendo todos los récords en España hasta aquel momento.

 

El semanario El Caso.

 

La sentencia, que se hizo pública el 11 de febrero de 1959 y se confirmó el 18 de mayo del mismo año, condenó a José María al pago de costas y doscientas mil pesetas de indemnización a cada uno de los herederos de las víctimas así como a cuatro penas de muerte, que no pudo eludir a pesar del dinero y la influencia de su familia así como a la mediación de su tío, entonces presidente del Tribunal Supremo.

 

El dictador Franco firmó el “enterado”.

 

La ejecución se señaló para el 4 de julio de 1959 y la noche anterior Jarabo la pasó fumando y bebiendo whisky. A las cinco de la mañana escuchó misa y comulgó.

 

Haciendo gala de una increíble frialdad, José María acudió al patíbulo del patio de la hoy desaparecida prisión de Carabanchel, Prisión Provincial de Madrid, perfumado y vestido de forma impecable.

 

La desaparecida cárcel de Carabanchel.

 

Tenía 36 años y fue uno de los últimos condenados a muerte por garrote vil.

 

El garrote vil.

 

Fue enterrado en el cementerio de la Almudena, en la sepultura de sus abuelos maternos. No obstante, antes se originó un gran revuelo por la protesta de algunos asistentes que aseguraban que el cuerpo del féretro no era el de Jarabo sino el de un gitano que había fallecido horas antes.

 

Tumba de José María Jarabo.

 

Para calmar los ánimos un comisario que se hallaba junto a los empleados ordenó abrir el ataúd para desmentir los rumores.

 

Varios testigos, entre ellos algunos periodistas, aseguraron no haber identificado a Jarabo, posiblemente debido al destrozo que sufrió su cuello durante la ejecución, ya que, debido a su fortaleza, el verdugo tuvo que dar dos vueltas al tornillo del garrote vil, prolongando su sufrimiento y su agonía, y aún así el médico no pudo certificar su defunción hasta veinte minutos después.

 

A partir de ahí empezó la leyenda de José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez-Morris, pues hay quienes manifestaron haberle visto posteriormente en Puerto Rico, donde residía su familia.

 

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José María Jarabo

 

La vida de Jarabo fue llevada a la televisión en 1984 con la serie “La huella del crimen” dirigida por Juan Antonio Bardem, cuyo episodio fue interpretado por el actor Sancho Gracia.

 

Sancho Gracia en una escena de la huella del crimen.

 

El eminente ensayista y romancero zamorano Joaquin Díaz incluyó en su disco “Música en la calle” el tema “Los crímenes del Jarabo”.

 

El romancero Joaquin Díaz.

 

¿Jarabo fue realmente un asesino o tal vez un desequilibrado?. . .

 

 

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MARÍA PACHECO

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MARIA PACHECO

 

                    “La leona de Castilla”

 

 

María López de Mendoza y Pacheco, más conocida como María Pacheco, nació en 1495 en el palacio del sultán Yusuf III de la Alhambra de Granada, donde su progenitor había sido nombrado, a título perpetuo para él y sus sucesores, Alcalde y Capitán General del Reino de Granada por los Reyes Católicos en 1491.

 

La Alhambra de Granada

Su padre fue Íñigo López de Mendoza y Quiñones, I Marqués de Mondéjar y II Conde de Tendilla, conocido como el “Gran Tendilla”. Su madre fue Francisca Pacheco, hija de Juan Pacheco, I Marqués de Villena y Maestro de la Orden de Santiago.

 

Íñigo López de Mendoza y Quiñones

María fue la cuarta de ocho hijos: Luis (heredero de la alcaldía de la Alhambra), Diego (embajador, poeta y escritor), Francisco (cardenal, enterrado en la catedral de Sevilla), Bernardino (marino, embajador y comendador), Antonio (virrey de de México y Perú), María e Isabel.

 

María y sus hermanos fueron educados por el erudito humanista italiano Pedro Mártir de Anglería, al que su padre Íñigo conoció en Roma, cuando estuvo ejerciendo de embajador, y al que convenció para que se trasladara a la corte granadina.

 

Pedro Mártir de Anglería

De enigmática belleza, María, que desde jovencita ya destacó entre sus ilustrados hermanos, se mostró muy interesada por los estudios y aprendió griego, latín, historia, aritmética y cultura general. Mostró siempre un fuerte carácter, gran personalidad, y fue una mujer adelantada a su época. Prueba de ello es que para que no la confundieran con su hermana María y su otra hermana bastarda también llamada María, invirtió sus apellidos haciéndose llamar María Pacheco.

 

María congenió desde siempre de manera especial con su hermano pequeño Diego, al que le unía su interés por la historia y la poesía.

 

Con tan solo catorce años de edad el padre de María acordó los esponsales de su hija con el joven caballero toledano de veinte años Juan de Padilla, hijo de Pedro López de Padilla y sobrino de Gutiérrez de Padilla, Comendador Mayor de Calatrava, con quien el Marqués de Mondejar deseaba emparentar.

 

Juan de Padilla

 

Desafiando la autoridad de su padre, María se negó a la boda porque no se la había consultado previamente, porque no le atraía físicamente Juan de Padilla  y porque su rango nobiliario era inferior al suyo.

 

No obstante su negativa, al año siguiente se celebró la boda en Granada, constando ella por su linaje como Doña María Pacheco y su marido simplemente como Juan de Padilla.

 

Se acordó en el matrimonio la renuncia de los derechos a la herencia paterna a cambio de una dote de cuatro millones y medio de maravedíes, toda una fortuna en aquellos tiempos.

 

Con los años la convivencia entre María y Juan se transformó en un amor sincero, fruto del cual, en 1516, nació su hijo Pedro, que falleció siete años después.

 

Al morir el padre de Juan de Padilla, éste le sucedió en su cargo militar. Entonces el matrimonio se trasladó a Toledo.

 

Toledo

 

Ese año falleció Fernando el Católico, lo que originó un caos en la política pues, hasta que el joven príncipe, nieto de los Reyes Católicos e hijo de Juana la Loca y Fernando el Hermoso, no llegó a España desde Flandes para ocupar el trono vacante, asumió la regencia el cardenal Cisneros.

 

Fernando el Católico

 

Éste último logró que desde Bruselas, Carlos de Habsburgo (quien ya se preparaba para ser nombrado emperador) fuera proclamado rey de Castilla y Aragón, algo que la nobleza interpretó como una traición política puesto que Juana, recluida en Tordesillas por su supuesta locura, era su indiscutible soberana.

 

El cardenal Cisneros

 

Para evitar el peligro de una inminente sublevación, Cisneros instó a Carlos para que viajara rápidamente a España.

 

Carlos I de España y V de Alemania.

Fueron dos años de gran inestabilidad política, ya que los nobles castellanos querían restablecer el poder perdido y  manifestaban su inclinación por Fernando, hermano de Carlos, educado en Castilla cerca de su abuelo Fernando el Católico y más propenso a los intereses de la nobleza.

 

Fernando, hermano de Carlos.

 

Carlos de Habsburgo, instruido en Gantes, llegó a España sin conocer en absoluto el idioma y rodeado de una gran corte de flamencos y borgoñones que se repartieron los mejores cargos y beneficios.

 

Llevado por su ambición, el monarca solicitó grandes sumas de fondos e incrementó los impuestos, lo que hizo aumentar las quejas de la nobleza.

 

En agosto de 1520 Medina del Campo, considerada como el mayor foco financiero de Castilla, fue incendiada por el ejército real. Ésto se tradujo en una especie de guerra civil que enfrentó a las diferentes clases sociales. A partir de ahí  las Comunidades de Castilla cesaron  en su aristocrática y noble tradición para alinearse más a favor del pueblo llano.

 

El gran incendio de Medina del Campo.

 

Esta incidencia atemorizó a la nobleza, la cual brindó su apoyo a Carlos I, que les garantizaba sus  condición social.

 

María Pacheco, ante lo que se consideró una gran injusticia, fue sin duda la gran instigadora del movimiento comunero, pues ella animó y apoyó a su esposo, Juan de Padilla, en el levantamiento de las Comunidades en Toledo.

 

La rebelión de los comuneros.

 

La familia quedó dividida, ya que su hermano y nuevo capitán de Granada, Luis Hurtado de Mendoza, junto a su familia, se pasaron al bando imperial, mientras que María y su esposo lo hicieron en el grupo comunero.

 

Luis Hurtado de Mendoza

 

En julio de 1520, en Ávila, Juan de Padilla fue nombrado capitán general por la Santa Junta, pero las diversas pugnas entre la que fue conocida como la “Revuelta de los Comuneros” derivaron en su substitución por Pedro Girón y Velasco, motivo por el cual Padilla retornó a Toledo.

 

No obstante, al poco tiempo Girón abandonó, pasándose al bando monárquico.

 

María Pacheco dirigió la jefatura y el liderazgo de Toledo, durante el período en que su marido permaneció ausente de la ciudad, aunque al poco tiempo compartió la gobernabilidad con el obispo de Zamora, Antonio Acuña, quien desertó más tarde cuando la comunidad de Madrid se rindió a las tropas del emperador. Entonces fue María la que asumió el mando militar absoluto.

 

El obispo Antonio Acuña

En diciembre de ese mismo año Juan de Padilla tomó el mando comunero y, con un nuevo ejército toledano, volvió a Valladolid  pero nuevamente, al poco tiempo, aparecieron desavenencias en el seno de la tropa.

 

Esta inesperada circunstancia quebrantó las fuerzas de los comuneros que, en abril de 1521, fueron derrotados en la batalla de Villalar, provincia de Valladolid.

 

Batalla de Villalar y monumento en recuerdo de los comuneros en la plaza del pueblo.

 

Al día siguiente, en la plaza del pueblo de Villalar, Juan de Padilla fue decapitado junto a otros dos cabecillas: Juan Bravo y Francisco Maldonado. Sus cuerpos fueron enterrados y sus cabezas, separadas del tronco, exhibidas en lanzas. Los tres pasaron a la historia como “Los Comuneros de Castilla”.

 

Padilla, Bravo y Maldonado en el pátibulo

 

Al conocer, en su residencia de Toledo, la noticia del ajusticiamiento de su esposo en Villalar, María Pacheco cayó enferma  y se vistió de luto riguroso, tapando su cabeza con una capucha.

 

María Pacheco de Padilla al recibir la noticia de la ejecución de su marido.

 

Retrato en azulejo portugués de María Pacheco.

 

Casi todas las ciudades de Castilla que se habían levantado contra Carlos capitularon, no obstante María de Pacheco remplazando a su difunto marido, se hizo fuerte defendiéndose en el Alcázar de Toledo.

 

Durante nueve meses, la viuda del comunero, recibió el ataque constante de los ejércitos de Carlos. En ese tiempo fueron muchos los desertores, pero María resistió, rechazando los pactos que le ofrecían sus familiares, alineados con el monarca.

 

Para poder pagar a las tropas María entró de rodillas en la catedral de Toledo, incautándose de toda la plata que allí se custodiaba.

 

Catedral de Toledo y Palacio Arzobispal.

 

De nada sirvió el esfuerzo, pues los continuos ataques del ejército imperialista terminaron por cercar Toledo. En octubre de 1521 se firmó un pacto en  beneficio de los capitulados, el “Armisticio de la Sisla”, por el  que los comuneros se comprometían a abandonaron el Alcázar, pero conservando el armamento y el control de la población.

 

Sin embargo, en febrero de 1522, en un nuevo alzamiento de la ciudad, María Pacheco y sus seguidores asaltaron el Alcázar libertando a los apresados.

 

La insurrección careció de éxito y a las pocas horas fue extinguida por las fuerzas de Carlos I, comandadas por el prior de San Juan.

 

Gracias a la complicidad de algunos familiares que la ayudaron, María logró escapar de Toledo ataviada de vagabunda, y después de varios avatares logró emigrar a Portugal.

 

Durante su exilio le llegó la dolorosa noticia del fallecimiento, en Alhama de Granada, de su hijo Pedro, el cual había quedado bajo la custodia del regidor de dicha localidad, Álvaro Maldonado.

 

María Pacheco fue excluida del indulto general y condenada a muerte por rebeldía al rey en 1524.

 

Juan III de Portugal hizo caso omiso de las peticiones de extradición que le llegaron desde España por parte del rey Carlos.

 

Juan III de Portugal

 

María obtuvo, en Portugal, el apoyo del arzobispo de Braga, Diego de Sosa, en cuya casa residió durante dos años. Finalmente fue acogida por el obispo de Oporto, Pedro de Acosta, en la parte alta de la ciudad.

 

La comunera no le perdonó al monarca español haber ordenado decapitar a su esposo y tampoco nunca le solicitó el indulto real ni la revocación de su pena de muerte. El rey le arrebató a María todos sus bienes, arrasando sus propiedades en Toledo y condenándola al perpetuo olvido.

 

María Pacheco, la que había capitaneado el movimiento comunero contra el imperialismo de la época, falleció a la temprana edad de 35 años, en su hogar prestado de Oporto, aquejada de unos fuertes dolores en el costado.

 

Sus restos mortales fueron enterrados en el altar de San Jerónimo de la catedral de Oporto y no se concedió trasladar sus restos junto a los de su esposo en Villalar.

 

Catedral de Oporto, donde fué enterrada María Pacheco.

 

Su tumba fue cambiada un par de veces por reformas. Alrededor de 1609 se amplió la cabecera y fue eliminada la zona. Nada más se sabe de sus restos.

 

Posteriormente a su muerte, sus hermanos y la casa Mendoza insistieron en sus demandas de perdón al monarca, así como la rehabilitación de su nombre y el traslado de sus restos mortales a España para descansar junto a los de su esposo. Nunca llegó la compasión ni el perdón por parte de la monarquía española.

 

El poeta Diego Hurtado de Mendoza, su hermano menor, escribió para María el epitafio de su tumba:

 

“Si preguntas mi nombre, fue María,                                     

si  mi tierra, Granada; mi apellido

de Pacheco y Mendoza, conocido

el uno y el otro más que claro día

si mi vida, seguir a mi marido;

mi muerte en la opinión que él sostenía

España te dirá mi cualidad

que nunca niega España la verdad.”

 

Diego Hurtado de Mendoza

 

El director de cine Juan de Orduña, rodó en 1951 la película “La Leona de Castilla” en la cual su actriz principal, Amparo Rivelles, realizó una brillante interpretación de la comunera de Toledo.

 

María Pacheco, una de tantas heroínas olvidadas. . . .

ALFRED HITCHCOCK

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ALFRED  HITCHCOCK

 

El mago del suspense. . .

 

 

Alfred Joseph Hitchcock nació en Leytonstone, municipio cercano a Londres, Inglaterra, el día 13 de agosto de 1899.

 

Leytonstone, Londres, (edificio en memoria de Hitchcock).

 

Fue el menor de los tres hijos de un matrimonio católico de clase media, formado por William Hitchcock y Emma Jane Whelan, propietarios de un pequeño colmado de ultramarinos.

 

El pequeño Hitchcock fue un niño tímido y apocado, gran amante del cine y  al que le gustaban las novelas de crímenes y misterio.

 

En 1910 inició su educación en el colegio jesuita de San Ignacio y más tarde, al terminar la escuela secundaria, se matriculó en la Escuela de Ingeniería y Navegación de Londres para estudiar mecánica, electricidad y acústica, aunque debido al prematuro fallecimiento de su padre en 1914, Alfred tuvo que abandonar la carrera y ponerse a trabajar para ayudar a su familia.

 

Su primera incursión en el mundo laboral fue en la empresa telegráfica Henley.

 

En 1920, Alfred fue contratado por la Famous Players Lasky, una sucursal londinense de la Paramount de Hollywood, como diseñador de rótulos y subtítulos de películas mudas.

 

Famous Players Lasky.

 

El joven Alfred se apasionó por el mundo cinematográfico y enseguida empezó a formarse en las técnicas de montaje, decoración, dirección artística, producción y guionista.

 

Su primera película, “El número 13”, la dirigió en 1922 pero no pudo finalizarla debido a que la Paramount, por problemas financieros, cerró sus estudios en Inglaterra.

 

Una secuencia de “El número 13” (1922)

 

En el filme “De mujer a mujer”, un melodrama dirigido por Graham Cutts en  1923, Alfred se estrenó como guionista, director artístico y asistente de dirección.

 

La inauguración de Hitchcock de forma oficial como director fue con “El jardín de la alegría”, de 1925, un melodrama germano-británico rodado en Munich y protagonizado por Virginia Valli.

 

” El jardín de la alegría “(1925)

 

Por aquel entonces Alfred conoció a Alma Reville, una talentosa guionista con gran experiencia cinematográfica que habría de convertirse, a lo largo de su carrera, en una de sus más importantes colaboradoras.

 

Alma Reville

 

Alma y Alfred se casaron el 2 de diciembre de 1926 y fruto de su matrimonio nació, en 1928, su única hija Patricia Hitchcock, que, con los años, habría de actuar en papeles secundarios en algunas de las películas más populares de su padre como “Psicosis”, “Pánico en la escena” o “Extraños en un tren”.

 

Boda de Alfred y Alma.

 

El matrimonio Hitchcock con su hija Patricia.

 

Fue en 1927 con “El enemigo de las rubias, cuando el director inglés empezó a mostrar su estilo inconfundible, manejando los tiempos de la intriga, el misterio y el suspense con gran maestría. En ese filme Alfred nos ofreció su primer cameo, con sus apariciones ó intervenciones fugaces en la pantalla, algo que repitió en 37 de sus 53 películas. 

 

“El enemigo de las rubias” (1927)

 

 

En 1929 Alfred rodó su primer filme sonoro titulado “La muchacha de Londres”, interpretado por la polaca Anny Ondra, basado en una obra teatral que se había representado en Londres con gran éxito.

 

“La muchacha de Londres” (1929)

 

Después de algunos títulos poco transcendentes en la década de los años 30 como “Juego sucio”, de 1931, o “Valses de Viena”, de 1933, su primer gran reconocimiento a nivel  internacional de crítica y público le llegó en 1934 con “El hombre que sabía demasiado”, interpretada por Peter Lorre, Leslie Banks y Edna Best.

 

“El hombre que sabía demasiado” (1934)

 

A éste éxito se añadieron:  “ 39 escalones”, de 1935, con Robert Donat y Madeleine Carroll; “Sabotaje”, de 1936, con Sylvia Sidney y Oscar Homolka; ”Inocencia y juventud”, de 1937, con Nova Pilbean y Derrick de Marney; o “Alarma en el Expreso”, de 1938, con Margaret Lockwood y Michael Redgrave.

 

“39 escalones” (1935)

 

“Sabotaje” (1936)

 

“Alarma en el expreso” (1938)

 

Durante esa misma época también rodó títulos que pasaron más desapercibidos para el gran público como “Agente secreto”, de 1936, con Peter Lorre, John Gielguld, Madleine Carroll y Robert Young;  o “La posada de Jamaica”, de 1939, con Charles Laughton y Maureen O’Hara.

 

“La posada de Jamaica” (1939)

 

Tras este último filme, en 1940,  Alfred, junto a su esposa y su hija, fijaron su residencia en Estados Unidos, donde fue contratado por el productor norteamericano David O. Selznick para dirigir en Hollywood  “Rebeca”, con Joan Fontaine y Laurence Olivier.

 

El productor David O. Selznick.

 

“Rebeca” (1940)

 

La película constituyó un gran éxito y obtuvo el Oscar. Recibió once nominaciones, entre ellas a la de mejor director, pero la preciada estatuilla fue para John Ford por “Las uvas de la ira”.

 

John Ford

 

Hay que señalar como dato anecdótico que, a raíz del éxito de la película “Rebeca”, el jersey de lana que la actriz Joan Fontaine lucía en casi toda la película se popularizó en España con el nombre de “rebeca”.

 

Poco tiempo después de llegar a Hollywood Alfred y su familia se trasladaron a vivir en el apartamento de Carole Lombard en Bel Air, Los Ángeles, Estados Unidos, dado que la actriz se había ido a vivir con su pareja, Clark Gable.

 

Clark Gable y Carole Lombard

 

Al fallecer al año siguiente Carole Lombard el matrimonio se mudó de casa, trasladándose a Bellagio Road, también en Bel Air.

 

Durante la década de los 40 Hitchcock dirigió: “Enviado especial” de 1940, “Sospecha” (con la que Joan Fontaine consiguió el Oscar a la mejor actriz) y “Matrimonio original” de 1941, “Sabotaje” de 1942, “La sombra de una duda” de 1943, Náufragos” de 1944,  “Recuerda” de 1945 (en la que Salvador Dalí colaboró en varios decorados), “Encadenados” de 1946, “El proceso Paradine” de 1947, “La soga” de 1948 (su primera película en color) y “Atormentada” de 1949.

 

Joan Fontaine recibiendo el Oscar por “Sospecha”.

 

Los decorados de “Recuerda” (1945) fueron obra del pintor catalán Salvador Dalí.

 

Cary Grant e Ingrid Bergman en “Encadenados” (1946)

 

Los años 50, sin duda, fueron los más esplendorosos para Hitchcock. En dicha etapa dirigió: “Pánico en la escena” de 1950, “Extraños en un tren” de 1951, “Yo confieso” de 1953, “Crimen perfecto” y “La ventana indiscreta” de 1954, “Atrapa a un ladrón” y “Pero, ¿quién mató a Harry? “ de 1955.

 

Jane Wyman y Marlene Dietrich en “Pánico en la escena” (1951)

 

Farley Granger y Robert Walker en “Extraños en un tren” (1951)

 

Montgomery Clift en “Yo confieso” (1953)

 

Grace Kelly y Ray Milland en “Crimen perfecto” (1954)

 

James Stewart y Grace Kelly en “La ventana indiscreta” (1954)

 

Grace Kelly y Cary Grant en” Atrapa a un ladrón” (1955)

 

Convertido en su propio productor y coincidiendo con la obtención, en 1955, de su nacionalidad estadounidense, Hitchcock y la productora de televisión CBS firmaron un contrato para realizar una serie semanal de suspense y terror, de media hora de duración, titulada “Alfred Hitchcock presenta. . .” de la que dirigió más de un centenar de episodios.

 

 

En 1956 filmó la segunda versión de su película “El hombre que sabía demasiado” (por este filme, Ray Evans y Jay Livingston consiguieron el Oscar a la mejor canción “Que será, será” interpretada por la actriz Doris Day). A estos títulos hay que añadir: “Falso culpable” de 1957, “Vértigo” de 1958 y “Con la muerte en los talones” de 1959.

 

Doris Day y James Stewart en “El hombre que sabía demasiado” (1956)

 

 

Kim Novak y James Stewart en “Vértigo” (1958)

 

Cary Grant en “Con la muerte en los talones” (1959)

 

En 1960 dirigió uno de los mayores éxitos cinematográficos de suspense: “Psicosis”, película interpretada por Anthony Perkins y Janet Leigh, y por la que recibió su última nominación al Oscar. El trofeo, finalmente, fue a parar a manos del director Billy Wilder por “El apartamento”.

 

 

Billy Wilder, dirigiendo a Shirley MacLaine y Jack Lemmon en “El apartamento” (1960)

 

Sus siguientes películas fueron: “Los pájaros”, de 1963, “Marnie, la ladrona” de 1964, “Cortina rasgada” de 1966 y “Topaz” de 1969.

 

 

Sean Connery y Tippi Hedren en “Marnie, la ladrona” (1964)

 

Paul Newman y Julie Andrews en “Cortina rasgada” (1966)

 

Ya en la última etapa de su vida Alfred rodó en los años 70 dos filmes: “Frenesí” de 1972 y “La trama” de 1976.

 

Alfred Hitchcock en los años 70.

 

Anna Massey y Barry Foster en “Frenesí” (1972)

 

Barbara Harris y Bruce Dern en “La trama” (1976)

 

Alguno de sus actores y actrices favoritos, a los que dirigió reiteradamente durante su carrera, fueron: Cary Grant, James Stewart, Ingrid Bergman, Grace Kelly y Tippi Heden (quien declaró haber sufrido acoso sexual, durante el rodaje de “Los pájaros”, por parte de Alfred).

 

Curiosamente y a pesar de haber estado nominado en cinco ocasiones como candidato al premio Oscar por “Rebeca”, “Náufragos”, ”Recuerda”, “La ventana indiscreta” y “Psicosis”, Alfred Hitchcock jamás consiguió el preciado galardón.

 

La Academia de Hollywood le concedió en 1968 el Irving Thalberg, un Oscar honorario, el único de su carrera. En 1978 el American Film Institute le otorgó el premio a la labor de una vida y en 1979 fue nombrado Caballero por la Reina de Inglaterra y Hombre del Año por la Cámara de Comercio británico-americana.

 

Hitchcock recibiendo el Irving Thalberg.

 

La estrella de Hitchcock en el Paseo de la Fama de Hollywood.

 

Aquejado, a sus 76 años, de artritis y problemas coronarios, ya que debido a un colapso llevaba un marcapasos, el 29 de abril de 1980 Alfred Hitchcock  falleció a la edad de 80 años en Bel Air.

 

La misa fúnebre se ofició en la Iglesia del Buen Pastor, ubicada cerca de la casa donde habitaba Alfred.

 

Iglesia del Buen Pastor.

Cumpliendo sus deseos el cadáver fue incinerado y sus cenizas esparcidas en el Océano Pacifico.

 

Sir Alfred Joseph Hitchcock fue un maestro en el empleo de la luz, el manejo de la cámara y el dominio de la imagen, pero además fue el gran creador del cine de intriga, misterio y suspense. . .

EL ÁRBOL DE NAVIDAD

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EL ÁRBOL DE NAVIDAD

 

¿Mito o realidad?. . .

 

 

Trataré de ceñirme a la historia más creíble de todo cuanto se ha especulado y escrito, en torno al árbol que por estas fechas navideñas adorna una buena parte de los hogares del mundo.

 

Según cuentan las leyendas más difundidas sobre esta curiosa tradición, en el siglo VIII, en la región de Hesse, Alemania, existía un legendario roble que las germánicas costumbres paganas habían consagrado a Thor, el dios del trueno.

 

Roble de Thor

 

Era práctica habitual que sus gentes, anualmente, durante la época del solsticio invernal, le ofrecieran al dios Thor el sacrificio de  una criatura en la base de “El Roble del Trueno”.

 

Thor, el dios del trueno.

 

La mitología de esta tradición podría haberse iniciado, aproximadamente, durante el periodo comprendido entre los años  680 y 754 d. de C.

 

Dicen los archivos que en el año 672 nació en Wessex, Inglaterra, un niño llamado Wynfrith, que años después se convertiría en San Bonifacio, Patrón de Alemania.

 

San Bonifacio, Apóstol de Alemania.

 

Wynfrith, se crió en el seno de una familia profundamente religiosa. A los siete años de edad consiguió que sus padres le dejaran ir a vivir con unos monjes, de quienes recibió una sólida formación cristiana.

 

A los 14 años se trasladó al monasterio benedictino de Nursinling, Winchester, e ingresó en la Orden obteniendo, algún tiempo después, la condecoración de Maestro en Teología.

 

No obstante, lo que más le atraía a Wynfrith era la obra de evangelización y predicar el mensaje de Cristo.

 

Por aquellos tiempos era normal que los sacerdotes abandonaran Inglaterra para  viajar como misioneros a lugares paganos, para tratar de convertir a sus gentes al cristianismo.

 

Así se lo hizo ver Wynfrith al Padre Abad del Monasterio, quien le concedió permiso para viajar a Roma y pedirle al Santo Padre ser misionero. El Papa San Gregorio II le concedió su petición e inicialmente como sacerdote y más tarde como obispo, fue enviado a evangelizar a los habitantes de los territorios germanos de la actual Alemania, cambiándole a Wynfrith su nombre de pila por el de Bonifacio, “aquel que hace el bien”.

 

Papa San Gregorio II

 

El misionero Bonifacio viajó por toda Alemania y merced a su gran labor evangelizadora llevó el cristianismo a muchas de sus regiones.

 

En el año 723, el Obispo inglés se trasladó a la Baja Sajonia, cerca de Geismar, donde un grupo de paganos iban a sacrificar a un niño en la base de un legendario roble, en honor del dios Thor.

 

Cuando el verdugo levantó el martillo de piedra para ejecutar al pequeño, Bonifacio alzó su báculo de Obispo y milagrosamente rompió el gran mazo, salvando la vida de la criatura.

 

El martillo de Thor.

 

El Santo, dirigiéndose a la sorprendida muchedumbre, que no daba crédito a lo sucedido, exclamó: “Ésta es la cruz de Cristo que ha roto el martillo de piedra de vuestro falso dios”.

 

Bonifacio alzando la cruz de Cristo.

 

Acto seguido empuñó un hacha, dispuesto a destruir el roble y demostrar al pueblo pagano que él no sería barrido por un rayo de Thor, pero de repente una gran ráfaga de viento sopló sobre el bosque derribando cuanto halló a su paso, incluído el roble sagrado al que partió en cuatro trozos.

 

Bonifacio disponiéndose a cortar el roble.

 

Tan sólo se salvó un pequeño abeto y Bonifacio, señalándolo con la mano, se encaminó hacia la multitud y les dijo: “Este pequeño hijo del bosque será, a partir de ahora, vuestro árbol santo; observad cómo, a pesar de la inclemencia del tiempo, se mantiene siempre verde y sus ramas miran erguidas hacia el cielo. Llamadle “el árbol del Niño Jesús” y reuníos en vuestras casas en torno a él para festejar el solsticio de invierno y la llegada de la Navidad.  Practicad la bondad y agasajaos entre vosotros pero no volváis jamás a celebrar ceremonias sanguinarias”.

 

Las gentes, convencidas de que el Dios de Bonifacio era más poderoso que Thor, aceptaron bautizarse y abrazar el cristianismo.

 

El Obispo bautizando a las gentes.

 

En el lugar donde se hallaba el destruido roble sagrado y con la madera del mismo, el Obispo hizo construir una ermita.

 

En el lugar donde se hallaba el roble sagrado se construyó una ermita.

 

Bonifacio recorrió ciudades y pueblos fundando iglesias y monasterios. Les habló de Jesucristo a labriegos y reyes pero, por el fanatismo de los enemigos de la religión cristiana, fue martirizado en Frisia, Países Bajos, el 5 de junio del año 755, junto a una cincuentena de compañeros.

 

Asesinato de Bonifacio por una turba pagana.

 

El entierro se celebró en la Catedral de Cristo Salvador, Fulda, Hesse, Alemania.

 

Así pues, la tradición del árbol de Navidad, tal como se la conoce en nuestros días, podría tener su origen en Alemania durante 1605,  práctica que más tarde se extendió a otros muchos países del mundo.

 

El primer árbol de Navidad

 

Se cree que la costumbre de adornar el tradicional abeto en España llegó en 1870 de la mano de Sofía Troubetzkoy, una princesa rusa considerada una de las damas más bellas de Europa, que tras enviudar del duque de Momy, hermano de Napoleón III, contrajo segundas nupcias con José Osorio y Silva, marqués de Alcañices.

 

Sofía Troubetzkoy y José Osorio, marqueses de Alcañices.

 

Sofia-Troubetzkoy y el árbol de Navidad.

 

El árbol se colocó  en el desaparecido palacio de Alcañices, ubicado en el madrileño paseo del Prado, esquina con la calle de Alcalá.

 

Palacio de Alcañices.

 

Desde hace un par de años el barrio de Armilla de Granada presume de tener el árbol de Navidad más grande de Europa, con 56 metros de altura.

 

El árbol de Navidad de Granada.

 

El récord Guinness, con 72,10 metros de altura lo ostenta, desde 2016, Sri Lanka, antigua Ceilán, India.

 

Sri-Lanka obtuvo el récord Guinness.

 

Al igual que sucede con el tradicional pesebre, el árbol de Navidad, adornado con bolitas de colores, lazos, luces y la estrella de Belén en la punta, es un elemento decorativo que sirve para aunar en estos días a las familias en torno a la mesa y para recordar a los seres queridos presentes y ausentes.

 

El árbol de Navidad en nuestro hogar.

 

Sin duda son los más pequeños de la casa los que, en la noche del día 24 de diciembre, aguardan con impaciencia e ilusión la llegada del mítico Papá Noel para que deposite los regalitos en la base del árbol de Navidad.

 

No obstante, como puede comprobarse en el siguiente Cuento de Navidad, el mundo de la fantasía y el consumismo también ha distorsionado para los niños el origen del árbol navideño.

 

 

En estas fiestas entrañables quiero enviar a mi querida familia, a mis amigos y ¿por qué no? también a mis detractores que espero no sean muchos, mis mejores deseos de paz, amor y felicidad, con la esperanza depositada en un mejor y próspero año 2019.

 

¡Feliz Navidad!

 

El árbol de Navidad, ¿cuánto tiene de

leyenda y cuánto de veracidad?. . .

PINITO DEL ORO

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PINITO DEL ORO

 

La diosa del trapecio. . .

 

 

Nacida en el barrio de Guanarteme de Las Palmas de Gran Canaria el 6 de noviembre de 1931, Cristina María del Pino Segura Gómez fue la benjamina de 19 hermanos habidos en el matrimonio entre José Segura Fenollar, natural de Alcoy, Alicante, y Atilana Gómez, original de Albadalejo, Ciudad Real.

 

Barrio de Guanarteme en 1935 entre el mar y los arenales, (al fondo el puerto de La Luz).

 

Vista panorámica de Las Palmas de Gran Canaria.

 

Cristina nació en la mayor de las islas del archipiélago canario de forma circunstancial, puesto que su mamá siempre había dado a luz a sus hermanos en su pueblo natal de Albadalejo, pero los desórdenes en la península y la amenaza de una guerra civil hicieron que sus padres se desplazaran con su espectáculo a Canarias, donde no había circos ni peligros de contiendas.

 

Albadalejo, Ciudad Real.

 

Por otra parte, cabe señalar que de los 19 vástagos habidos de la pareja sólo sobrevivieron  siete. Es por ello que la mamá de Cristina la mimó de una forma especial, tratando de separarla del mundo del espectáculo e  inculcándole la pasión por la lectura, que la pequeña desarrolló activamente en los distintos colegios locales que la familia visitaba en sus diversos recorridos.

 

No obstante, a pesar de que Cristina era muy vergonzosa y le imponía el público, practicaba siempre ejercicios circenses en el alambre con una sombrillita, tratando de emular a Esther, su hermana mayor, que trabajaba en el trapecio.

 

Años más tarde, viajando por la península, cuando la  familia Segura con su espectáculo se trasladaba desde Cádiz a la feria de Sevilla, a causa de la lluvia volcó uno de los carros de la caravana y en el accidente perdió la vida su hermana Esther.

 

El padre de Cristina no tuvo más remedio que ordenarle a su hija, de doce años, que substituyera en el trapecio a su hermana para poder completar el espectáculo.

 

Así, de esta forma, se inició la que poco más tarde habría de ser considerada la mejor trapecista sin red de todos los tiempos.

 

Su madre no llegó a ver actuar a Cristina, pues cuando la pequeña regresó a su casa de Las Palmas, Atilana ya se encontraba grave debido a un acceso de diabetes que le causó la muerte poco más tarde.

 

Desde su debut, a la pequeña Cristina se la denominó “La Shirley Temple del trapecio” pero, ante la constante mofa de sus hermanos, su padre y ella optaron por cambiar su nombre artístico por el de “Pinito del Oro”.

 

“Pinito”, en honor de Nuestra Señora del Pino, patrona de la isla de Gran Canaria, cuya imagen se venera en el municipio de Teror, y  “del Oro” en recuerdo de una famosa trapecista que se llamó “La Rita de Plata”.

 

Nuestra Señora del Pino.

 

Basilica de Nuestra Señora del Pino en el municipio de Teror.

 

En poco tiempo la pequeña Pinito se convirtió en una extraordinaria trapecista del espectáculo denominado “el más difícil todavía”, máxime cuando en todas sus actuaciones jamás quiso emplear la red.

 

La fama de Pinito traspasó fronteras y, durante unas fiestas navideñas, hallándose el espectáculo trabajando en Valencia, el representante para Europa del prestigioso circo americano Ringling  Brothers and Barnum & Bailey Circus, la quiso contratar para trabajar en Estados Unidos.

 

Ringling Brothers.

 

Pinito era menor de edad, y durante la década de los cincuenta en España, la mujer no tenía derechos ni podía viajar sin el consentimiento de su marido, por lo que tuvo que contraer matrimonio, a disgusto de sus familiares, para poder desplazarse al nuevo continente y cumplir con el atractivo contrato americano.

 

Se casó con Juan de la Fuente, un ex marinero al que Pinito le enseñó a ponerse debajo del trapecio y a aguantarle la escalerilla para convertirle en su asistente, mientras ella efectuaba sus peligrosas piruetas en el aire.

 

Tuvieron una hija, pero el matrimonio nunca funcionó bien debido a los continuos engaños amorosos de Juan, por cuyo motivo al cabo de veinte años, Pinito optó por separarse de su marido.

 

Con el tiempo, Pinito se volvió a casar con un hombre veinte años más joven que ella, de quien tuvo otra hija.

 

Pinito del Oro estaba dotada de una gran belleza natural y aparecía siempre en la pista como una diosa del Olimpo, con una sonrisa radiante, luciendo un ajustado maillot dorado y una deslumbrante capa.

 

 

Durante siete años fue la estrella más rutilante del circo Ringling consiguiendo en 1960  el Premio Internacional, el Óscar del Trapecio sin red. Actuaba siempre de pie en el trapecio y  además se sentaba apoyada sobre las dos patas traseras de una silla de la barra.

 

 

 

 La estrella del triple salto mortal sin red actuó sobre el anillo central de los más prestigiosos locales de América, entre otros, el Madison Square Garden de Nueva York, donde debutó el 5 de abril de 1950, siendo imagen  de portada en revistas tan importantes como el New York Times.

 

En la cumbre de su carrera profesional, el prestigioso director cinematográfico Cecil B. DeMille quiso contratar a Pinito del Oro para el rodaje de su película “El mayor espectáculo del mundo”, basada en las vicisitudes del mundo circense, pero ella rechazó la oferta  porque no habían previsto incluirla en los créditos del filme junto a los actores principales.

 

Cecil B. DeMille

 

Cartel publicitario de El mayor espectaáculo del mundo.

 

Tras varios años de ininterrumpidos éxitos el gigantesco circo ambulante Ringling, acosado por los costos cada vez más excesivos y por problemas con los sindicatos, procedió a su cierre.

 

Circo Ringling.

 

María Cristina regresó a Europa para afincarse definitivamente en España, donde el circo había adquirido un gran auge durante los años en que Pinito había permanecido en América.

 

A su llegada, precedida  de gran fama, se convirtió en la estrella de las carpas de todos los circos. Participó en la Gran Competición Mundial del Circo, celebrada en el Palacio Municipal  de los Deportes de Barcelona en noviembre de 1956 y organizada por los empresarios Arturo Castilla, Juan Carcellé y Pedro Balañá.

 

 

Pinito fue proclamada Reina del Festival Mundial, título que revalidó en Oporto, Portugal, en 1958 y en Madrid en 1960.

 

A partir de estas memorables actuaciones, a  Pinito se la disputaron los más prestigiosos empresarios circenses de Europa, que la contrataron para trabajar en los más importantes circos del viejo continente.

 

 

Su popularidad llegó a tal extremo que muchas mamás exclamaban a sus hijos “¡qué te vas a caer, a ver si te crees que eres Pinito del Oro!. . .”

 

A lo largo de su trayectoria profesional sufrió tres accidentes graves, el primero fue en Huelva, con 17 años de edad , cuando se fracturó el cráneo y estuvo una semana en coma.

 

En Estocolmo, Suecia, en 1957, padeció una caída con fractura de cráneo, manos y pies, de la que se recuperó con un intenso período de rehabilitación.

 

Actuando en Laredo, Santander, al concluir su número cuando se disponía a bajar, se rompió la cuerda de la atadura y la trapecista sufrió diversas lesiones de las cuales se rehizo en tres meses.

 

Después de  este último accidente Pinito, se retiró en 1961 en Santa Cruz de Tenerife y casualmente, a los pocos días, falleció su padre.

 

Reapareció nuevamente en 1968 en el Circo de Madrid, que entonces dirigían Feijoo y Castilla, pero tras  el anuncio del cierre por demolición del mítico circo de la Plaza del Rey, hoy sede del Ministerio de Cultura, y coincidiendo con la última función, Pinito, decidió retirarse definitivamente de las pistas el 17 de abril de 1970.  

 

18
Cartel del Circo Price.

 

18-1

 

 

Su gran amiga, la popular y recordada actriz cómica Mary Santpere, quien ejercía de presentadora en la carpa, fue la encargada de cortarle la coleta. Pinito siempre guardó esos cabellos en un pequeño estuche, como un inolvidable tesoro.

 

Mary Santpere

 

En 1990 recibió el Premio Nacional del Circo por parte del gobierno español y, en 1998, la Medalla de Oro de las Bellas Artes por su gran contribución al arte circense.

 

La gran Pinito, la mujer que desafió la gravedad actuando siempre sin red, invirtió sus ganancias adquiriendo unos pisos que le rentaban y montando un pequeño hotel con sala de fiestas incluida, que lleva su nombre, en el popular paseo de la playa de Las Canteras de la isla canaria donde habitaba.

 

 

Hotel y sala de fiestas Pinito del Oro. en la playa de Las Canteras.

 

Sin poseer una formación literaria, a Pinito siempre le atrajo la literatura, llegando a publicar algunas novelas, como “Cuentos de circo”, “El italiano” ó “Nacida para el circo”, quedando finalista en los premios “Blasco Ibáñez” y  “Ciudad de Oviedo”.

 

 

En Las Palmas existe una plaza con su nombre y en el pueblo natal de su madre, Albadalejo, Ciudad Real, la Casa de la Cultura lleva el nombre de Pinito del Oro en su honor. En Madrid su imagen puede verse en el Museo de Cera.

 

Plaza de Pinito del Oro.

 

Museo de Cera de Madrid.

 

Cristina María del Pino Segura, hija predilecta de su ciudad natal, falleció el 25 de octubre de 2017 en Las Palmas de Gran Canaria a los 86 años de edad.

 

Pinito en sus últimos años.

 

Ese mismo año le había sido concedida la Medalla de Oro de Canarias. . .

ANGEL NIETO

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ÁNGEL NIETO

 

Una estrella del motociclismo mundial. . .

 

 

 

Hablar sobre esta leyenda del deporte de las dos ruedas se me antoja harto difícil.

 

Un hombre de cuna humilde, trabajador, luchador incansable, arriesgado y exitoso, que logró convertir en realidad sus sueños de la infancia, ser piloto de competición.

 

Una persona que, a pesar de sus triunfos deportivos, jamás dio que hablar más allá de su profesión y de sus logros.

 

No obstante, a modo de homenaje a la figura del personaje y del deportista, trataré de relatar un corto resumen de su paso por el mundo del motociclismo.

 

De modesta familia, Ángel Nieto Roldán nació el 25 de enero de 1947 en Zamora y, con diez años de edad, junto a sus padres Ángel Nieto y Teresa Roldán se trasladó a vivir a Madrid, concretamente al popular barrio de Vallecas, donde creció y se formó como persona y en el que surgió su interés por el motociclismo.

 

Ángel con su familia..

Nunca le atrajeron los estudios, por lo que de jovencito empezó trabajando como aprendiz de mecánico en un taller regentado por Tomás Díaz Valdés, futuro periodista especializado en asuntos de motores y gran mentor en la trayectoria profesional de Ángel.

 

Ángel con 12 años junto a su amigo Tomás Diaz Valdés de 19.

 

Con uno de sus primeros trofeos.

 

Más tarde se empleó en Motos Yepes, una empresa ubicada en el Rastro madrileño, donde estuvo muy poco tiempo.

 

Aprovechando la celebración de una carrera en el parque del Retiro, Ángel logró llegar hasta donde se encontraba Paco Bultó, propietario de la firma Bultaco de Sant Adrià de Besòs, Barcelona, pidiéndole un puesto de trabajo en  la sección de competiciones  de la acreditada firma.

 

Paco Bultó

El empresario le contestó que hiciera su petición por escrito y ya recibiría una respuesta.

 

Como la contestación nunca llegó, Ángel con 14 años, dejó Madrid para trasladarse a vivir con su tía a Barcelona y buscar algún trabajo como mecánico.

 

Se ofreció como aprendiz en el área de competición a Derbi, propiedad de la familia Rabasa con sede en Martorellas, Barcelona, pero su  oferta no tuvo éxito y poco tiempo después abandonó la casa de su tía para mudarse a una humilde pensión aprovechando el poco dinero que le quedaba.

 

Familia Rabasa

Haciendo gala de la perseverancia que siempre le caracterizó, se presentó en la fábrica de Bultaco, esperando en la puerta la llegada de Paco Bultó para recordarle el encuentro que habían tenido en Madrid. Ante la insistencia de Ángel por formar parte del equipo de Bultaco, a Paco no le quedó más remedio que contratarlo como aprendiz para el departamento de competición.

 

Fábrica de Bultaco en Sant Adrià de Besós, Barcelona.

Al cabo de un mes se despidió de Bultaco, porque no le gustaba el trabajo que le habían asignado, y se marchó con José Medrano, entonces primer piloto de la marca, para correr durante un par de meses una serie de competiciones por varias ciudades. La economía no era boyante, por lo que unas veces dormían en hoteles y otras en el coche Renault Dauphine de Medrano.

 

Con el piloto José Medrano.

 

Nieto y Medrano en Castellón.

Durante su periplo con Medrano, Ángel conoció a personas que trabajaban en Ducati. Por ello, al  regresar a Barcelona y no poder reincorporarse a Bultaco, acudió a la fábrica de Mototrans- Ducati, situada entonces en la calle Almogávares de  la ciudad condal, ofreciéndose como piloto.

 

En este edificio de empresas y oficinas se ubicó la fábrica de Mototrans-Ducati.

Pero en Ducati se encontró con un problema. Las motos más pequeñas que tenían eran de 125 centímetros cúbicos  y Ángel por su edad no podía pilotarlas, ya que era necesario haber cumplido los 18 años de edad y él sólo tenía 15.

 

En comentarios del propio Ángel, durante medio año tuvo que arreglárselas para sobrevivir en el sótano de una frutería.

 

Un técnico italiano apellidado Bartolotti,  jefe del Departamento de Carreras de Ducati,  le pidió a Derbi una moto de 50 centímetros para competir en el desaparecido Circuito Carlos III, lugar donde actualmente se halla una gran superficie comercial en la Diagonal barcelonesa.

 

En la parte superior derecha se ubica hoy una gran superficie comercial.

Derbi no disponía de ninguna moto, no obstante Bartolotti,  logró que se la prestara un proveedor que se dedicaba a fabricar carenados para la firma y, gracias a la colaboración de algunos conocidos, pudo conseguir que le dejaran  una chaqueta y un pantalón de cuero, así como unas botas de boxeo.

 

Ángel a principio de los años 60.

Ángel termino quinto y Derbi lo contrató para su fábrica. De este modo vio realizado el sueño por el cual se había trasladado a Barcelona: ser piloto de Derbi.

 

Pilotando una Derbi.

Al parecer, esta carrera no había sido la primera en la que había competido Ángel, ya que anteriormente lo había hecho en Granada con las motos de Tomás Díaz, aunque al no tener la edad correspondiente tuvieron que falsificar la documentación.

 

En 1964 y una vez ya contratado por Derbi como piloto, sus motos se enfrentaron a las de la importante japonesa Suzuki con cajas de cambio muy superiores a las españolas.

 

Logotipo de la marca Suzuki.

Ángel sólo obtuvo dos quintos lugares en su primer año fuera de España.

 

Pese a que Derbi le ofreció continuar, en febrero de 1965 el piloto se comprometió con Ducati, con la que obtuvo ese mismo año en Sevilla su primera victoria en la prueba puntuable para el Campeonato de España de Velocidad.

 

Ángel Nieto a lomos de una Ducati.

Su nombre adquirió un gran prestigio y en 1966 a partir de sus positivas actuaciones empezaron a pugnar por él las marcas españolas.

 

Tras una ardua disputa, Derbi consiguió hacerse nuevamente con el concurso de Ángel Nieto.

 

Las reglas se modificaron en 1969 para las motos de 50 c.c., cajas de cambio de 6 relaciones y motores monocilíndricos. Derbi  y Nieto prepararon la moto a fondo y el piloto se convirtió en el primer español que alcanzó un  campeonato mundial.

 

 

Celebrando el título en Barcelona, año 1969.

 

Con el equipo Derbi, campeón del mundo en 1969.

 

Un año después Ángel volvió a proclamarse campeón mundial, por lo que tanto él como Derbi  se plantearon la irrupción en  la categoría de 125 c.c.

 

Pilotando una Derbi. Foto dedicada a su amigo Tomás Díaz Valdés.

Fue una brillante idea, pues con las marcas Derbi, Bultaco, Morbidelli, Garelli, Kreidler y Minarelli obtuvo, además de cuatro subcampeonatos, seis Campeonatos del Mundo en 50 c.c. y siete en 125 c.c. Trece en total ó mejor 12+1 como él solía decir.

 

Con la Derbi.

 

Con la Bultaco.

 

Con Morbidelli.

 

Con una Garelli.

 

Sobre una Kreidler.

 

Pilotando una Minarelli

En sus casi 20 años como piloto profesional consiguió 23 Campeonatos de España y 90 grandes premios en distintas cilindradas.

 

Sin embargo, al gran campeón se le negó el éxito en  cilindradas mayores, como 250 c.c.

 

Ángel Nieto posee el récord de títulos de entre todos los mejores motociclistas españoles y el segundo a nivel mundial tras el italiano Giacomo Agostini.

 

Giacomo Agostini

Al retirarse del motociclismo, en 1987, Ángel formó la escudería Team Ducados Ángel Nieto, en  la que destacó su piloto Alberto Puig. El equipo  se disolvió a finales de 1988.

 

Pegatina de Team Ducados Ángel Nieto.

 

El piloto Alberto Puig.

Sin dejar el mundo del motor, Ángel se ejercitó entonces como comentarista deportivo en varios medios de televisión.

 

Nieto ejerciendo de comentarista junto al gran Agostini.

En 1998 se hizo cargo del Via Digital Team en calidad de director técnico y al año siguiente el piloto Emilio Alzamora, perteneciente a su equipo, venció en el Campeonato del Mundo de 125 c.c.

 

Emilio Alzamora

Tras él llegaron una gran sucesión de pilotos españoles como Jorge Martínez “Aspar”, Sito Pons, Alex Crivillé, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo ó Marc Marquez, entre otros.

 

Jorge Martínez “Aspar”

 

Sito Pons

 

Alex Crivillé

 

Dani Pedrosa

 

Jorge Lorenzo

 

Marc Marquez

Por lo que hace referencia a su ámbito personal, conviene recordar que Ángel Nieto se casó con Pepa Aguilar en 1975. Tuvieron dos hijos, Ángel en 1976 (conocido como “Gelete”) y Pablo en 1980.

 

Angel y Pepa

 

Ángel con su esposa Pepa y sus hijos “Gelete” y Pablo.

El matrimonio se separó quince años después, a raíz de conocer el piloto a Belinda Alonso, con la que tuvo su tercer hijo, Hugo, nacido en 1999.

 

Ángel y Belinda

 

Ángel con Belinda y el hijo de ambos, Hugo.

Sus hijos Gelete y Pablo, así como también su sobrino Fonsi, siguieron la senda del campeón compitiendo en carreras del campeonato mundial, pero el récord 12 + 1 que estableció el maestro será un reto difícil de superar.

 

Con sus tres hijos y su sobrino.

Desde muchos años atrás, Ángel, solía pasar la mayor parte del tiempo en Ibiza, pero el 26 de julio de 2017, en la carretera de Santa Gertrudis a Santa Eulària des Riu, la fatalidad en forma de accidente mortal se cruzó en su camino.

 

Conduciendo una moto acuática en aguas de Ibiza.

 

Con Belinda Alonso en las noches ibicencas.

 

El quad que conducía el campeonísimo a escasa velocidad, (que paradojas del destino, tantas veces se había jugado la vida en los más importantes circuitos del mundo) fue embestido en la parte posterior por un automóvil conducido por una ciudadana alemana residente en la isla.

 

El quad de Ángel Nieto

 

Al parecer, Ángel llevaba el casco desabrochado.

 

El quad conducido por Ángel Nieto con el casco desabrochado.

Trasladado rápidamente a la Policlínica de Nuestra Señora del Rosario, fue intervenido durante más de dos horas de una fuerte contusión en la cabeza. El parte médico habló de “grave” pero no de “crítico” Sin embargo, su estado empeoró en los últimos días por un edema cerebral que terminó causándole la muerte el 3 de agosto de 2017, a los setenta años de edad.

 

Policlínica Nuestra Señora del Rosario

Se celebró una emotiva misa en la iglesia de Puig d’en Missa, de Santa Eulària des Riu, municipio donde residía Ángel.

 

Puig d’en Missa, Santa Eulària des Riu, Ibiza

Al cortejo fúnebre lo acompañaron más de un centenar de familiares y amigos, así como más de 200 moteros que hicieron rugir sus máquinas en honor del ex piloto.

 

El féretro con los restos del campeón entrando en la parroquia de Santa Eulària des Riu.

 

Los hijos de Ángel Nieto, “Gelete”, Hugo y Pablo, saludan a varios motoristas en el funeral celebrado en Ibiza para despedir a su padre.

 

Su esposa Pepa Aguilar en el funeral de su marido.

 

Belinda Alonso

 

Su cuerpo fue incinerado y esparcidas parte de sus cenizas en el mar.

 

De entre algunas de las muchas distinciones que recibió el gran “12+1”, caben resaltar la Gran Cruz al Mérito Civil,  la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo y la de Caballero de la Gran Cruz del Dos de Mayo.

 

En Zamora, su ciudad natal, se le dedicó el nombre de “Ángel Nieto” al Polideportivo Municipal.

 

Polideportivo Municipal Ángel Nieto en Zamora.

 

Un año después de su fallecimiento, este mural recuerda el lugar donde ocurrió el fatal accidente.

 

Ángel Nieto fue el gran pionero del motociclismo español y uno de los mejores pilotos de todos los tiempos. . .

SILVANA MANGANO

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SILVANA MANGANO

 

El gran sex symbol italiano de la posguerra. . .

 

 

Hija de un ferroviario siciliano y de una ama de casa inglesa, Silvana llegó al mundo el 21 de abril de 1930 en Roma, Italia.

 

Anfiteatro del Coliseo de Roma en 1930.

 

Sus padres eran de condición humilde y su madre siempre soñó con triunfar como bailarina, por lo que a Silvana, con pocos años, la inscribieron en una escuela de ballet.

 

Desde muy jovencita Silvana destacó por su belleza, lo que le permitió combinar las clases de ballet con esporádicos ensayos como modelo y con presentaciones de aspirantes a misses. De esta forma obtuvo a los 16 años el título de Miss Roma.

 

Silvana, número 104, con 16 años ganó el concurso de belleza Miss Roma en 1946.

 

Con 17 años concursó para el título de Miss Italia junto a bellezas de la época como Gina Lollobrígida, Gianna María Canale, Eleonora Rossi Drago o Lucía Bosé. El preciado galardón fue para esta última y Silvana fue una de las Damas de Honor.

 

Lucía Bosé, Miss Italia 1947.

En aquellos tiempos estos eventos eran una lanzadera para catapultar hacia el cine o a la gloria de la fama a las muchachas que destacaban por su belleza.

 

No obstante, la introducción en el mundo del séptimo arte de Silvana se debió en gran parte a la relación sentimental que mantuvo con el actor Marcello Mastroianni, quien le consiguió un papel en la película “Elixir de amor”.

 

Silvana y Marcello.

En 1949, con el film “Arroz amargo” de Giusseppe de Santis, le llegó el reconocimiento mundial. Un melodrama donde Silvana, con sus 19 años, su exuberante figura y su gran sensualidad, interpretó el papel de una recolectora de arroz en la Italia de la posguerra. A destacar, el trabajo de los actores Vittorio Gassman y Raf Vallone.

 

Giusseppe de Santis

 

Silvana en “Arroz amargo”

 

Vittorio Gassman y Silvana Mangano en “Arroz Amargo”.

 

Con Raf Vallone en “Arroz Amargo”.

 

 

Ese mismo año Silvana contrajo matrimonio con el reconocido productor cinematográfico Dino De Laurentiis, al que conoció durante el rodaje de “Arroz amargo”.

 

Dino De Laurentiis

Dino y Silvana tuvieron cuatro hijos: Verónica, Raffaella, Francesca y Federico.

 

El matrimonio con sus hijos, en ocasión del nacimiento de su cuarta hija.

A pesar de recibir suculentas ofertas para trabajar en Hollywood, Silvana jamás se interesó por trabajar en América.

 

Con “Ana”, de 1951, la historia de una monja de hospital con un pasado alegre, obtuvo otro de sus éxitos más sonados. Su forma de bailar el bayón en la película,  la convirtió en una sex-symbol de aquella generación de la posguerra.

 

Una escena de “Ana” junto a Raf Vallone.

 

Bajo la dirección de Vittorio de Sica interpretó, en 1954, junto a Eduardo de Filippo y una bisoña Sofía Loren, “El oro de Nápoles”, donde Silvana bordó una magnífica interpretación en el papel de una prostituta enamorada, obteniendo el premio Silver Ribbon a la mejor actriz y demostrando que en el interior de su lujurioso cuerpo existía mucha inteligencia.

 

Vittorio de Sica

 

Eduardo de Filippo

 

Sofía Loren

 

Silvana en una secuencia de “El oro de Nápoles”

 

Junto a Michael Rennie, Shelley Winters y Vittorio Gassman trabajó ese mismo año en la coproducción italo-americana “Mambo”, película que no obtuvo grandes elogios.

 

Silvana Mangano, Vittorio Gassman, Michael Rennie y Shelley Winters en Venecia durante el rodaje de “Mambo”.

 

 

“Ulises” fue otra de las películas en las que participó  ese año junto a actores de la talla de Kirk Douglas y Anthony Quinn.

 

Cartel publicitario de “Ulises”.

En 1959, junto a Alberto Sordi y Vittorio Gassman, actúo en “La gran guerra” de Mario Monicelli. Una gran producción basada en el humor, el drama y los soldados en el frente. El film, sorprendentemente, careció del beneplácito de una gran parte del público.

 

Junto a Vittorio Gassman y Alberto Sordi en” La gran guerra”.

 

Mario-Monicelli

Durante la década de los años 60 intervino en  producciones tan  importantes como “Cinco mujeres marcadas”, ”Juicio universal”, “Edipo rey” o “Barrabás”, esta última junto  a Anthony Queen, una superproducción italiana basada en la historia bíblica que el actor mexicano bordó.

 

Secuencias del corte de cabello al que se sometió Silvana para su interpretación de Jovanka en el film “Cinco mujeres marcadas”.

 

 

Cartel publicitario de “Juicio universal”.

 

Una secuencia de “Edipo rey”.

 

Junto a Anthony Quinn en “Barrabás”.

En la película de 1966 “Las brujas”, formada por cinco cortometrajes y  producida por su esposo Dino, la actriz encarnó el personaje principal de los episodios. La dirección, además de Vittorio de Sica, Franco Rossi y Mauro Bolognini,  corrió a cargo  de dos de los directores que más influyeron en la carrera de la actriz: Luchino Visconti y Pier Paolo Pasolini.

 

En el film “Las brujas”.

 

Franco Rossi

 

Mauro Bolognini

Luchino Visconti

 

Pier Paolo Pasolini

 

En 1968 y 1971 rodó con Pier Paolo Pasolini  “Teorema” y “El Decamerón”, respectivamente. También ese mismo año, a las órdenes de Luchino Visconti, protagonizó “Muerte en Venecia”, película que consiguió grandes elogios y por la que la actriz obtuvo de nuevo el premio Silver Ribbon.

 

“Teorema”

 

“El Decamerón”

 

“Muerte en Venecia”

Junto a Bette Davis, Alberto Sordi y Josep Cotten actuó en 1972 en la comedia “Sembrando ilusiones”.

 

Cartel publicitario de “Sembrando ilusiones”.

Nuevamente en 1974 trabajó con Luchino Visconti  en “Confidencias”, compartiendo rodaje con, Burt Lancaster y Helmut Berger. La crítica sitúa este film como uno de los más sobresalientes del director, cuya salud ya era precaria.

 

Cartel publicitario de “Confidencias”.

 

En 1981, tras la muerte en un accidente de avión en Alaska de su hijo Federico, de 25 años, Silvana empezó a sufrir episodios muy depresivos  por lo que  se trasladó a Madrid, España, para vivir junto a su hija Francesca, casada con José Antonio Escrivá, hijo del realizador cinematográfico Vicente Escrivá.

 

Dino De Laurentiis y Silvana Mangano se separaron en 1983 y en 1988 iniciaron su proceso de divorcio.

 

En 1984, dirigida por David Lynch, intervino en el film “Dune”, coproducido por su hija Raffaella y su padre Dino De Laurentiis.

 

David Lynch y Raffaella De Laurentiis.

 

Silvana interpretando a la reverenda madre Ramallo en “Dune”.

 

Dino De Laurentiis con su hija Raffaella.

La última aparición en la gran pantalla de la bella Silvana, después de casi 40 films, se produjo en 1987 con la película “Ojos negros”, de  Nikita Mikhalkov,  junto a Marcello Mastroianni, uno de sus primeros amores y con el que se reencontró después de muchos años. El actor fue nominado como mejor actor en el Festival de Cannes y al premio Oscar. La crítica se fundió en elogios hacia la pareja.

 

Una escena de “Ojos negros”

 

Nikita Mikhalkov

Cuando se hallaba recuperando de una delicada intervención quirúrgica por un cáncer de pulmón, con tan sólo 59 años de edad, la  actriz falleció en la clínica La Luz de  Madrid, España, el 16 de diciembre de 1989, víctima de un paro cardíaco.

 

Clínica La Luz

Su cadáver fue  incinerado en el cementerio de la Almudena de Madrid y sus cenizas trasladadas a  Pawling Cementerio de Dutchess County, Nueva York (Estados Unidos), para descansar junto a los restos de su hijo Federico.

 

Tumba de Silvana Mangano.

Los que tuvimos la suerte de admirarla en  sus películas siempre mantendremos en la memoria la imagen de aquella trabajadora que, ataviada con un ajustado jersey, pantalón corto y medias negras, exhibía su voluptuosa figura en los pantanosos arrozales de la Italia de la posguerra.

 

Los carteles publicitarios de sus películas en orden cronológico.

 

Silvana Mangano, actriz dotada de una natural belleza,  fue  un  sex symbol del cine italiano. . .