Mes: marzo 2015

MILAGROS

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MILAGROS,  GENIO Y FIGURA . . .

A modo de humilde homenaje voy a tratar de narrar, en una breve síntesis, la vida de una mujer que fue “genio y figura hasta la sepultura . . . “

  Milagros
Milagros

Milagros Celsa Secanell Goyanes nació el 12 de abril de 1918 en Villalpape, aldea perteneciente al municipio de Monforte de Lemos (Lugo, Galicia).

Villalpape (hoy Vilalpape)
Villalpape (hoy Vilalpape)
 Castillo de Monforte de Lemos
Castillo de Monforte de Lemos

El próximo mes de abril habría cumplido la friolera de 97 años.

Su madre fue María Braulia Goyanes Guerra, y su padre un “pecado de juventud” llamado Sergio Quiroga, que jamás la llegó a reconocer.

 Su madre María Braulia
Su madre María Braulia

María, su madre, se fue a trabajar al principado de Asturias, concretamente a Gijón, por lo que Milagros desde muy tierna edad quedó bajo el cuidado de su abuela Josefa, a la que adoraba, y de su tío Amador, hermano de su madre y marido de Matilde.

 Gijón, año 1920
Gijón, año 1920
 Su tío Amador con su esposa Matilde.
Su tío Amador con su esposa Matilde.

Siempre que Milagros hablaba de su abuela Josefa se emocionaba al punto de saltársele las lágrimas. Josefa quiso mucho a la pequeña Milagros y ejerció como madre. Como siempre decía ella, “mi abuela Josefa me dio el cariño que nunca recibí de mi madre, María”.

Milagros vivió una niñez muy precaria. Tuvo por juguetes a las cabras y a las vacas que cada día, con el amanecer, sacaba a pastorear por el monte. Con los ojos de su temprana edad observaba como sus primos estrenaban ropa y zapatos que a ella siempre le negaron y que nunca nadie le regaló.

Cuando tenía seis o siete años la despertaban antes del alba, la subían a la vaca con las grandes cantarillas de leche recién ordeñada y la enviaban a la ciudad de Monforte de Lemos a entregarla. Era tan temprano que, cuando regresaba y los de la casa todavía no se habían levantado, cogía un pedazo de pan y un trozo de tocino se los metía en el zurrón y se marchaba al monte a pastorear el ganado.

No obstante, siempre tuvo palabras de agradecimiento para sus tíos cuando comentaba que nunca le faltó, por las mañanas, un vaso de leche caliente recién ordeñada.

A pesar de haber tenido muy poco tiempo para asistir a la escuela, aprendió a leer y a escribir de forma muy primitiva, casi autodidacta.

Cuando llegaban las fiestas de la aldea, por la noche la gente solía ir a bailar a una gran era, al son de la música que emitían dos o tres gaitas y un par de tambores.

 Gaiteiros amenizando una fiesta aldeana
Gaiteiros amenizando una fiesta aldeana

Sin embargo Milagros, al no poseer zapatos ni ropa adecuada, observaba oculta desde lo alto de algún lugar cómo los chicos de su edad disfrutaban del evento.

Solía recordar que, en una ocasión, recibió una gran regañina por parte de su abuela y de sus tíos por llegar muy tarde a casa. El motivo del retraso fue la gran curiosidad que tuvo, y que nunca abandonó de mayor, por desplazarse hasta el lugar donde había caído una avioneta, suceso que había sido comentado por los habitantes de la pequeña aldea.

Siempre terminaba su relato de esta forma: “de acuerdo, regresé tarde y tuve que soportar una gran bronca, pero nadie me quitó el capricho de estar en el lugar del accidente y ver la avioneta siniestrada”.

Entre tanto María, su madre, mientras se hallaba trabajando en Gijón, conoció a José Secanell Segura, un profesional del ejército, catalán nacido en Tarroja de Segarra, provincia de Lleida, que estaba destacado en la bella ciudad asturiana.

 José Secanell Segura
José Secanell Segura

Pepe, como le llamaban familiarmente, al poco tiempo de conocer a María ascendió de graduación siendo destinado a Barcelona.

Pepe y María, que ya por entonces vivían juntos, se desplazaron a Villalpape para recoger a Milagros y viajar los tres a la ciudad condal, donde se instalaron.

Milagros con Pepe
Milagros con Pepe

Poco tiempo más tarde estalló la Guerra Civil. Pepe en aquellos momentos se encontraba junto a otros compañeros en el bando republicano. Fue hecho prisionero y trasladado al buque “Uruguay”, barco prisión con rejas, fondeado en aguas del puerto de Barcelona.

Buque Uruguay
Buque Uruguay

Milagros, de 18 años, visitaba asiduamente a su padre para llevarle comida y ropa limpia. Precisamente al lavar la ropa sucia observaron que algunas prendas contenían restos de productos venenosos, confirmando lo que era vox populi : a los prisioneros del “Uruguay” les mezclaban la comida con veneno para irlos exterminando lentamente.

En una de sus visitas al buque “Uruguay” Milagros se cruzó con un alto mando militar, ex compañero de su padre que, en el momento que éste fue apresado, se hallaba en el frente contrario.

Milagros le contó con lágrimas en los ojos lo sucedido, rogándole que intercediera por su padre para que pudiera salir del “Uruguay “.

El militar le dijo a Milagros “No puedo prometerte nada, pero haré lo que esté en mi mano para que lo trasladen a otro lugar. Yo también tengo una hija de tu edad y llegado el momento me sentiría muy orgulloso de que se comportara de la misma forma como tú lo estás haciendo”.

Lo que ignoraba el militar es que, a pesar de que Milagros se comportaba como una verdadera hija, Pepe no era su padre ya que ni tan siquiera estaba casado con María.

Al poco tiempo, Pepe fue trasladado desde el buque “Uruguay” al castillo de Montjuic, donde por varias veces estuvo a punto de ser fusilado.

Prisioneros republicanos concentrados en el castillo de Montjuic.
Prisioneros republicanos concentrados en el castillo de Montjuic.

Finalmente, al término de la guerra fue liberado incorporándose a sus funciones en el Regimiento de Zapadores del desparecido Cuartel de Lepanto de Barcelona (hoy Ciutat de la Justicia). Años más tarde ascendió a comandante y, coincidiendo casi con su muerte, a los 57 años alcanzó la graduación de teniente coronel.

Antiguo cuartel de Lepanto.
Antiguo cuartel de Lepanto.

Pepe sintió siempre un gran cariño por Milagros, máxime después de ver todo lo que había hecho por él durante la guerra. Tanto es así que la adoptó como hija, dándole sus apellidos.

Unos años más tarde, en 1942, Pepe y María se casaron en secreto, pues todo el mundo ignoraba que no fueran matrimonio.

Con el tiempo llegó a Barcelona su tía Florentina, nacida como ella en Villalpape y hermanastra de su madre y de su tío Amador. Florentina conoció en Barcelona a Ramón, con quien se casó más tarde.

Su tía Florentina con su esposo Ramón.
Su tía Florentina con su esposo Ramón.

Florentina y Ramón tuvieron dos hijos. Al mayor le pusieron de nombre Ramón, como su padre, y al pequeño José Mª, en honor de los padres de Milagros.

 Sus primos Ramón y José María (ahijado).
Sus primos Ramón y José Mª. (ahijado) un Domingo de Ramos.

Pepe y su hija fueron los padrinos del pequeño José Mª. Milagros siempre mostró un cariño especial por su ahijado, seguramente porque vio en él al hijo que no pudo tener.

A Milagros nunca le faltó de nada en casa de sus padres y, a pesar de su limitada formación, fue una mujer inteligente, intuitiva y muy capaz.

En su juventud estuvo muy controlada en cuanto a horarios, sobre todo por su madre. Cuando iba a pasear o al cine con sus amigas no le permitían regresar más tarde de las nueve de la noche. Salió con algunos chicos, de los cuales alguno se convirtió en novio, pero sus padres querían lo mejor para ella, por cuya razón fueron rechazando uno tras otro a sus pretendientes.

Milagros con veinte y pocos años.
Milagros con veinte y pocos años.

Un día conoció a Francisco, un humilde carpintero natural de El Grado en la provincia de Huesca. 

Francisco
Francisco
El Grado (Huesca)
El Grado (Huesca)

Les dijo a sus padres que se iba a casar con Francisco, tanto si ellos le daban su consentimiento como si no. Lo había decidido, caso contrario se iría de casa para vivir con él.

Milagros y Francisco paseando por Barcelona.
Milagros y Francisco paseando por Barcelona.

La boda, celebrada en 1948, fue digna de una princesa y asistieron muchísimos invitados.

Milagros del brazo de su padre adoptivo.
Milagros del brazo de su padre adoptivo.

El banquete de celebración tuvo lugar en los salones del hotel Sant Agustí, el más antiguo de Barcelona, construído en 1720 y concebido originalmente como el convento de Sant Agustí, en la plaza del mismo nombre. Lo fue durante 120 años hasta convertirse en hotel.

Hotel Sant Agustí en los años 1940.
Hotel Sant Agustí en los años 1940.
 Banquete de boda en el hotel Sant Agustí.
Banquete de boda en el hotel Sant Agustí.

En un principio Milagros y su marido Francisco vivieron en el piso de sus padres, en el barcelonés barrio de La Bordeta, pero después del fallecimiento de Pepe el 22 de noviembre de 1949 a los 57 años de edad a causa de un cáncer en la garganta, la convivencia se hizo cada vez más insoportable hasta el punto que, después de continuas peleas, María, su madre, los expulsó de casa, teniéndose que ir a vivir al barrio de El Coll, en la parte alta de Barcelona, muy cerca del Parc Güell.

 Milagros y Francisco en su casa del barrio de El Coll
Milagros y Francisco en su casa del barrio de El Coll
Parc Güell
Parc Güell

Cuando Milagros y su marido se mudaron tuvieron que trabajar mucho y duro ya que empezaron de cero. Él con su profesión de carpintero y ella efectuando trabajos en el hogar, desde confeccionar prendas de vestir hasta montar una pequeña pollería en los bajos de la vivienda, donde despachaba pollos, conejos y huevos.

Gracias a ese gran esfuerzo llegaron a comprar la vieja vivienda donde habitaban y fueron un matrimonio feliz.

Durante todo ese tiempo Milagros se consoló con el recuerdo de su inolvidable y querida abuela Josefa, a la que, como ella siempre dijo: “la quise muchísimo más que a mi madre”.

Pasaron años antes de que María, su hija y su yerno olvidaran sus desencuentros y limaran asperezas, pero para entonces la relación ya no volvió a ser tan fluída como antes.

Milagros con su madre María y su esposo Francisco, después de la reconciliación.
Milagros con su madre María y su esposo Francisco, después de la reconciliación.

Desde un pueblo de la provincia de Asturias un día le llegaron noticias a María de la existencia de una posible hija de nombre Concha y, al igual que Milagros, habida de soltera.

La sorprendente e inesperada noticia le causó tal impacto a María que tuvo que ser hospitalizada de urgencia en la Unidad Coronaria por un infarto de miocardio. Una vez repuesta, Milagros junto al resto de la familia mostraron curiosidad por saber cuánto de cierto había en el asunto.

María acabó confesando que, efectivamente, durante su estancia en Gijón, había tenido otra hija de soltera (también con Sergio Quiroga, su gran amor), que abandonó y, de la cual nunca más llegó a saber nada. Milagros y Francisco viajaron hasta Asturias en compañía de su madre para conocer y abrazar a su hermana. A partir de ese momento entre Milagros y Concha se estableció una excelente relación.

Su hermana Concha con su esposo Alfonso.
Concha, la hermana de Milagros, con su esposo Alfonso.

Después del fallecimiento de su madre, el 15 de junio de 1984 a los 86 años, en alguna ocasión Milagros había comentado en plan jocoso: “¡A saber cuántos más hermanos tendré, sin conocer, repartidos por el mundo!”

 María Braulia, madre de Milagros, a los 86 años, poco tiempo antes de fallecer.
María Braulia, madre de Milagros, a los 86 años, poco tiempo antes de fallecer.

Cuando Francisco su marido se jubiló, ambos vivieron unos años tranquilos dedicándose a viajar en autocar con un grupo de vecinos del barrio, que habían formado una asociación. Precisamente a ese grupo de vecinos el ayuntamiento les concedió un terreno para que lo convirtieran en pequeños huertos y pudiera servirles de entretenimiento. Así se hizo, dividieron el terreno en pequeñas parcelas y se lo repartieron mediante sorteo. A esa labor Milagros y Francisco dedicaron muchas horas, regando, plantando hortalizas y conversando con sus vecinos.

Milagros y Francisco
Milagros y Francisco

A partir de los 78 años, aproximadamente, Francisco tuvo que ingresar algunas veces en el Hospital de l’Esperança, aquejado de varias complicaciones. Pasó sus últimos días en el desaparecido hospital de la Rotonda, donde falleció el 3 de diciembre 1993 a los 82 años de edad.

El desparecido hospital La Rotonda de Barcelona.
El desparecido hospital La Rotonda de Barcelona.

Dado el mal estado de la vivienda que habitaba Milagros, su ahijado José Mª le sugirió su venta en varias ocasiones pues, aunque la casa no tenía valor, sí lo tenía el terreno donde se podría construir un edifico con varios pisos. Con el importe de la venta podría comprarse un piso en el centro de la ciudad donde vivir cómodamente y también ahorrar algún dinero para sus últimos años de vida.

La idea siempre le agradó, pero la fue posponiendo bajo la excusa del valor sentimental que representaba el haber vivido allí tantos años con Francisco, su marido.

A finales de 1994, el primo ahijado de Milagros, José Mª, y su esposa se separaron.

En junio de 1995, durante un acto promocional en el que participaban empresas relacionadas con el mundo de la moda, medios de comunicación y firmas publicitarias, José Mª conoció a Mª Eugenia, una periodista y escritora convidada al evento.

María Eugenia
María Eugenia

Al parecer Cupido se coló en la reunión sin ser invitado, y un año después, con motivo de una celebración familiar, José Mª presentó a sus más allegados a Mª Eugenia, la mujer que el 18 de julio de 1996 se convertiría en su nueva esposa.

Mª Eugenia fue muy bien acogida por los padres y hermano de José Mª, pero sobre todo por Milagros. La “padrina” (madrina en catalán) fue la primera persona en besar y abrazar a la futura esposa de su ahijado dedicándole esta frase “Bienvenida a la familia, Mª Eugenia, y no hagas caso de lo que te digan. Conozco bien a mi ahijado José Mª y estoy segura que seréis muy felices”.

Milagros con Mª Eugenia y sus futuros suegros Ramón y Florentina.
Milagros con Mª Eugenia y sus futuros suegros Ramón y Florentina.

Ni que decir tiene que su premonición se cumplió al pie de la letra pues, después de casi veinte años, el matrimonio formado por José Mª y Mª Eugenia continúa viviendo una eterna “luna de miel”.

Poco más de dos años después, el 29 de abril de 1996, su tía Florentina, madre de sus primos Ramón y de su ahijado José Mª, quedó viuda de su esposo Ramón, víctima de un cáncer de colon.

Milagros le ofreció entonces a su tía Florentina la posibilidad de vivir juntas, alternándose cada mes una en casa de la otra. A Florentina le pareció muy bien la proposición de Milagros, pero inexplicablemente todo quedó en agua de borrajas. No obstante, se veían asiduamente y coincidían en todas las reuniones y celebraciones de familia.

El 17 de marzo de 1999 Florentina, a los 88 años de edad, dejó este mundo para reunirse en el más allá con su esposo Ramón.

Milagros recordó entonces las palabras que su marido Francisco siempre le había repetido: “Si cuando seas mayor, te encuentras sola y no puedes valerte por ti misma, trata de buscar entre tu gente de confianza a la persona que te acoja y te cuide hasta tus últimos días”. 

El tiempo fue pasando y Milagros, con 85 años, fue perdiendo la energía y la fuerza que en toda su vida demostrara. Su cabeza y su memoria funcionaban a la perfección, pero su estado físico y su salud empezaban a acusar la fatiga.

Evocando las palabras que le dijo su esposo, Milagros un día se reunió con su ahijado y con la esposa de éste, para comentarles que había pensado muy detenidamente en la posibilidad que tantas veces le había sugerido José Mª : vender la vieja casa donde habitaba, que estaba privada de comodidades y ubicada en una calle con una pronunciada pendiente por donde cada día le costaba más transitar.

Les propuso que se cuidaran de las gestiones de la venta y de buscar un piso confortable, cerca de ellos, para poder sentirse acompañada y atendida, en caso de enfermedad.

Su ahijado José Mª le dijo que no se preocupara en absoluto, porque él y su esposa iban a estar a su lado para hacerle compañía durante los años que Dios le diera de vida.

Por la mejilla de Milagros asomaron unas lágrimas de alegría y satisfacción. 

José Mª, Milagros y Mª Eugenia.
José Mª, Milagros y Mª Eugenia.

No obstante, añadió que para ser totalmente feliz todavía le quedaba una antigua promesa por cumplir, depositar un ramo de flores en la tumba de su abuela Josefa en el cementerio de Villalpape, la aldea que la vio nacer.

A los pocos días Milagros pudo hacer realidad su deseo, pues José Mª y su esposa la llevaron en automóvil a Villalpape. En medio de un gran recogimiento, Milagros lloró y le habló a su abuela mientras depositaba un precioso ramo de flores en su tumba.

Ermita de Villalpape.
Ermita de Villalpape.
Panteón de la familia de Milagros.
Panteón de la familia de Milagros.
 Mª Eugenia y Milagros junto a la tumba de su abuela en el cementerio de Villalpape.
Mª Eugenia y Milagros junto a la tumba de su abuela Josefa en el cementerio de Villalpape.

Al salir del pequeño cementerio, Milagros les dijo a José Mª y Mª Eugenia “Soy la mujer más feliz del mundo. Esto era muy importante para mí. Se ha cumplido mi gran sueño. Jamás os lo podré agradecer. Ahora ya puedo morir tranquila”.

Fue un precioso viaje de cinco días donde Milagros se sintió feliz. Pudo recorrer lugares entrañables de su tierra, como Padrón, Costa da Morte, A Coruña, Santiago de Compostela, Pontevedra, Lugo, y Monforte de Lemos entre otros.

Una vez vendida la vieja casa del barrio de El Coll, Milagros se trasladó a vivir en un céntrico y cómodo piso del Ensanche Izquierdo Nuevo, cercano a la vivienda de su ahijado.

Desde entonces hubo contacto telefónico diario, visitas semanales y almuerzos conjuntos todos los domingos y festivos del año. José Mª y Mª Eugenia la llevaron a todas las celebraciones y festividades familiares y gozó de una atención total y absoluta por parte de ellos.

Milagros el día de su santo rodeada de sus seres queridos (12-04-2009).
Milagros el día de su santo rodeada de sus seres queridos (12-04-2009).

Milagros, cuando estando con su ahijado y su esposa se encontraba con algún conocido, solía repetir orgullosa: “Éste es mi ahijado, es como si fuera mi hijo, y ella es su esposa”.

Mª Eugenia y Milagros, un día de verano, en la casa de la montaña de Sant Feliu de Codines (Barcelona)
Mª Eugenia y Milagros, un día de verano, en su casa de Sant Feliu de Codines (Barcelona)

Podría decirse que fue una adopción mutua, pues Milagros se consideró madre de José Mª y Mª Eugenia y para éstos ella fue la madre que, años atrás, ambos habían perdido.

El carácter de Milagros sufrió una transformación a partir de la muerte de su esposo Francisco, pues al tener que vivir sola, con la única compañía de un perro y dos gatos, se volvió independiente y sobre todo muy autosuficiente.

Como anécdota cabe citar que, cuando en los últimos tiempos tuvo que contratar una asistenta para auxiliarla en los trabajos domésticos diarios, una tras otra, pues tuvo varias señoras, se quejaron continuamente de su maltrato y mal genio. Con el paso de los años se había vuelto algo cascarrabias.

La fatalidad se cebó en ella cuando el día 22 de julio de 2013 se cayó de forma fortuita en su casa, con la mala fortuna de sufrir fractura del fémur de la pierna izquierda. Cuatro días después fue operada en el Hospital Clínico de Barcelona donde se le aplicó una prótesis. La intervención quirúrgica fue normal, pero desafortunadamente la anestesia previa a la cirugía motivó que quedara imposibilitada de las extremidades inferiores.

Hospital Clínico de Barcelona
Hospital Clínico de Barcelona

Ahí es donde se produjo el calvario de Milagros. Esa mujer autoritaria y habituada a dar órdenes se vio, de la noche a la mañana, totalmente dependiente de los demás y sin posibilidades de avanzar en su rehabilitación.

Dada de alta en el Hospital Clínico se vio obligada a ingresar en una residencia geriátrica. En principio pudo valerse de una silla de ruedas pero después de algún tiempo terminó postrada en la cama, rogándole a Dios que terminara con su suplicio.

 Residencia geriátrica donde estuvo ingresada Milagros.
Residencia geriátrica donde estuvo ingresada Milagros.
Habitación de la residencia geriátrica
Habitación de la residencia geriátrica.

En todo este proceso estuvo siempre acompañada por su ahijado y su esposa, que hicieron lo posible para que este sufrimiento fuera lo más llevadero posible, desde buscarle una de las mejores residencias de la ciudad hasta que no le faltara absolutamente de nada.

96º cumpleaños de Milagros (12-04-2014)
Milagros el día de su 96º cumpleaños (12-04-2014)

El 20 de diciembre de 2014, en la residencia geriátrica detectaron un empeoramiento de la salud de Milagros como consecuencia de una neumonía, agravada con una infección en la región sacra.

La trasladaron al hospital del Sagrat Cor de Barcelona, donde la estuvieron tratando, sin éxito, hasta el día de su fallecimiento, el 17 de enero de 2015, a los 96 años de edad.

Hospital del Sagrat Cor de Barcelona.
Hospital del Sagrat Cor de Barcelona.

Su cadáver fue conducido al cementerio de Les Corts, donde recibió cristiana sepultura en el nicho familiar donde reposan los restos de sus padres José y María y su marido Francisco.

Cementerio de Les Corts (Barcelona)
Cementerio de Les Corts (Barcelona)
Sepultura donde descansa Milagros, junto a sus padres y su esposo Francisco.
Sepultura donde descansa Milagros, junto a sus padres y su esposo Francisco.
Lateral del nicho donde figura la inscripción de Milagros.
Lateral del nicho donde figura la inscripción de Milagros.

Milagros, sobre todo en los últimos años, se convirtió en una mujer mandona, y en ocasiones despótica, pero ante todo fue una simpática viejecita. 

Curiosamente, debido a su extraordinaria memoria siempre solía repetir las mismas historias, empleando idénticas frases, punto por punto y coma por coma.

El destino quiso que Milagros, que tanto amó a los animalitos, (en su vieja casa de El Coll, estuvo rodeada de perros y gatos abandonados que recogía de la calle; también en los últimos once años en su nuevo piso del Ensanche tuvo dos gatas) dejara este mundo precisamente el día de San Antón, patrón de los animales.

Milagros fue genio y figura hasta la sepultura y vivió la vida a su manera.

Los que tuvimos la fortuna de disfrutar de su presencia durante los últimos once años de su vida la llevaremos siempre en nuestro corazón.

Milagritos, padrina, como así solía llamarte yo habitualmente, descansa en paz.

En tu honor, la música que acompañó tu funeral “El cant dels ocells” (El canto de los pájaros) del gran Pau Casals, ilustre catalán universal.

JOSÉ MARÍA

(Primo ahijado de Milagros)

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