Mes: marzo 2017

ENRIQUETA MARTÍ I RIPOLLÉS

Posted on

ENRIQUETA MARTÍ I RIPOLLÉS

LA VAMPIRA DE BARCELONA

 

Enriqueta Martí i Ripollés
Enriqueta Martí i Ripollés

Mi relato de este mes se basa en la macabra historia de Enriqueta Martí i Ripollés, nacida en 1868 en Sant Feliu de Llobregat, Barcelona.

 

San Feliu de Llobregat (calle Pi i Margall)
San Feliu de Llobregat (calle Pi i Margall)

 

De la tristemente denominada, entre otros apodos, como “La vampira de Barcelona”, ”La vampira del Raval” o “La vampira de la calle Poniente” poco o nada se sabe de su infancia.

 

A punto de cumplir los 20 años Enriqueta abandonó  Sant Feliu de Llobregat para trasladarse a vivir y trabajar en Barcelona.

 

Barcelona (Paral-lel a finales del siglo XIX.
Barcelona (Paral-lel a finales del siglo XIX.

 

Empezó efectuando labores de limpieza y cuidando niños pero, cuando vio que con esas tareas no se ganaba mucho dinero, optó por dedicarse a la prostitución callejera en la zona vieja del Portal de Santa Madrona, el Puerto de Barcelona o en burdeles de baja calaña.

 

Portal de Santa Madrona a finales del siglo XIX
Portal de Santa Madrona a finales del siglo XIX.

 

En 1895 se casó con Joan Pujaló, un insólito y fracasado artista-pintor que comía el mismo alpiste que sus pájaros, porque así lo había leído en una revista de homeopatía.

 

Joan Pujaló
Joan Pujaló

 

A pesar de haber contraído matrimonio, Enriqueta no dejó de ejercer la prostitución callejera, alternando prostíbulos y lupanares con casas de mala reputación. Eso hizo que su relación con Joan fuera insoportable, por lo que decidieron separarse, para volver a reconciliarse algún tiempo después.

 

Durante los 10 años que duró la relación esta misma situación se produjo seis veces más.

 

La definitiva separación ya se había producido cinco años atrás y la pareja no llegó a tener hijos.

 

Enriqueta continuó practicando la prostitución en burdeles, pero además actuó también como curandera y como proxeneta de niños, que ofrecía a artistas, políticos y  gente de la alta burguesía y elevada posición social.

 

A pesar de que no le hacía falta vivir  de la mendicidad, Enriqueta se dedicó a llevar una doble vida: se vestía como una harapienta durante el día, casi siempre acompañada de algún niño secuestrado al que le había rapado la cabeza  y cambiado la vestimenta y con el que fingía ser su madre, pidiendo limosna y comida en iglesias, conventos, asilos y centros de caridad.

 

Sin embargo, por la noche se tocaba elegantemente con vestidos caros, utilizando pelucas y sombreros. Después se dirigía a lugares concurridos por la alta sociedad barcelonesa, como por ejemplo el Casino de la Rabassada  o el Teatro del Liceo, donde ofrecía a las familias pudientes sus servicios como proxeneta para realizar servicios sexuales con criaturas.

 

Casino de la Rabassada.
Casino de la Rabassada.

 

Teatro del Liceo a principios del siglo XX.
Teatro del Liceo a principios del siglo XX.

 

Pero lo más horrendo de la espeluznante vida de Enriqueta es que, en su faceta de curandera, los productos que empleaba para preparar sus medicamentos y ungüentos estaban elaborados con los cadáveres descuartizados de los bebés y niños que previamente había raptado.

 

De los cuerpos de las criaturas extraía la sangre, la grasa, los cabellos y el tuétano de los huesos, que posteriormente convertía en polvo.

 

Todo ello lo vendía en forma de cremas, pociones, untos, cataplasmas y brebajes a un alto precio que la gente de clase acomodada pagaba complacida.

 

Según Enriqueta, sus potingues eran un remedio ideal para las enfermedades venéreas tales como la sífilis, la gonorrea  y demás  afecciones, que en aquellos tiempos no se lograban curar con la medicina tradicional.

 

La sangre humana era un producto muy demandado, sobre todo por la creencia de que era un remedio ideal para combatir la mortal tuberculosis. No hay que olvidar que todo esto se producía en la Barcelona de finales del siglo XIX.

 

Barcelona (Plaça del Oli - Vía Layetana)
Barcelona (Plaça del Oli – Vía Layetana)

 

Culpada de dirigir un prostíbulo de niños de entre 5 y 12 años, en 1909 Enriqueta fue arrestada en el piso que regentaba en la calle Minerva nº 6 de Barcelona. También fue apresado en la vivienda un muchacho perteneciente a una familia de la alta burguesía catalana. Debido a los contactos que Enriqueta mantenía con importantes personalidades, que utilizaban sus servicios de proxenetismo, ni ella ni el joven fueron juzgados, archivándose la causa sin que nunca más se volviera a comentar nada del suceso.

 

En la Barcelona de principios de 1900 y a pesar de de los continuos desmentidos del entonces gobernador civil Manuel Portela Valladares, en todos los mentideros de la ciudad corría el rumor de que a diario desaparecían bebés y criaturas de muy poca edad, que jamás volvían a aparecer,  vinculados  a familias de condición extremadamente humilde.

 

Manuel Portela Valladares
Manuel Portela Valladares

 

Ante la indiferencia y pasividad de las autoridades  por lo que consideraban “relatos callejeros sin fundamento”, los familiares de aquellos niños de clase social muy baja, por falta de recursos poco o nada podían hacer, algunos padres  incluso “celebraban” tener que alimentar una boca menos.

 

Empero, el 10 de febrero de 1912 Enriqueta incurrió en un grave error al secuestrar a Teresita Guitard Congost, una niña de 5 años hija de una familia de condición acomodada de la ciudad.

 

Teresita Guitard con sus padres y hermano.
Teresita Guitard con sus padres y hermano.

 

Caía la noche en la calle de San Vicente cuando Ana, la madre de Teresita, mientras conversaba con una vecina delante de su domicilio, le soltó la mano a la pequeña pensando que ésta se dirigiría, como otras veces, hacia su piso.

 

Pero ese día no ocurrió así y Teresita se desvió para fisgonear delante de una tienda, ocasión que aprovechó Enriqueta para tomarla de la mano y decirle que la acompañara pues tenía unas golosinas para darle. Al ratito, cuando la niña se dio cuenta de que se alejaba demasiado de su casa, se soltó de la mano de Enriqueta tratando de regresar con su madre pero entonces Enriqueta, aprovechando la oscuridad de la noche, la cubrió por completo con un paño oscuro y cogiéndola en brazos para evitar el llanto de la niña se la llevó corriendo hasta su casa de la calle Poniente nº 29 entresuelo 1ª (hoy calle Joaquín Costa).

 

Calle Poniente nº 29 (hoy calle Joaquin Costa)
Calle Poniente nº 29 (hoy calle Joaquin Costa)

 

 

Una vez allí le dijo que, ahora, su mamá era ella. Le rapó el pelo y le cambió la ropa, añadiendo que ahora ya no se llamaba Teresita sino que su nombre era Felicidad. Al rato le presentó a una niña llamada Angelita con la que conviviría en el piso.

 

Angelita y Teresita Guitard
Angelita y Teresita Guitard

 

De la noticia de la desaparición de Teresita se hicieron eco todos los medios de comunicación y los padres de la niña no regatearon en medios económicos para que toda la ciudad conociera el secuestro.

 

La policía, a pesar de haber desarrollado un gran despliegue, no daba con ninguna pista que le condujera al paradero de Teresita y Barcelona vivió durante casi tres semanas en una gran agitación preguntándose qué habría sido de la pequeña.

 

Pero, como suele suceder en determinadas ocasiones, fue la casual providencia la que resolvió el misterio: el día 17 de febrero de 1912 una  vecina de nombre Claudina Elías, que de vez en cuando curioseaba en la ventana de sucios cristales de la habitación que lindaba con el patio interior del entresuelo, en el que Enriqueta vivía con una niña y un niño, vio en cierta ocasión a través del mugriento ventanal el rostro de una niña con el cabello rasurado que la observaba de forma suplicante y a la que no había visto antes allí.

 

Piso entresuelo 1ª de la calle Poniente.
Piso entresuelo 1ª de la calle Poniente.

 

En aquel instante apareció Enriqueta, momento que aprovechó Claudina para preguntarle quien era aquella niña. Ella, lejos de responderle, cerró furiosamente  la puerta de la ventana.

 

Esta insólita forma de actuar por parte de Enriqueta sorprendió a su vecina: ¿será ésta la pequeña secuestrada de la que habla todo el mundo? se preguntó Claudina.

 

Sin pensárselo dos veces bajó a la calle para dirigirse a la tienda de colchones de su vecino y referirle lo que había presenciado. Éste se lo comentó al policía municipal José Asens, quien a su vez se lo comunicó al brigada Ribot.

 

Colchonería del vecino de la calle Poniente.
Colchonería del vecino de la calle Poniente.

 

El 27 de febrero Ribot, cumpliendo órdenes del comandante de la policía municipal Cruz Mendiola,  se personó en el domicilio de Enriqueta de la calle Poniente, con la excusa  de que tenía que inspeccionar el piso debido a que se había recibido una denuncia contra ella, por tener gallinas en su interior.

 

Al llegar al final del corredor, Ribot vio a dos niñas con la cabeza rasurada. Acercándose a una de ellas le preguntó ¿cómo te llamas?

 

 Felicidad, le contestó la niña.

 

 ¡Ah! exclamó el brigada, yo creí que te llamabas Teresita.

 

Así es, señor, pero aquí me llaman Felicidad.

 

¿Quiénes son esas niñas y de dónde han salido? interrogó Ribot a Enriqueta.

 

Angelita es mi hija, respondió Enriqueta. En cuanto a Felicidad no sé nada. Me la encontré ayer en la Ronda de San Pablo. Me dijo que se había perdido, que tenía hambre y me la llevé a mi casa para darle de comer y entregarla después a la policía municipal.

 

No obstante, le replicó Ribot, la vecina Claudina manifestó haber visto a Teresita bastantes días antes desde la ventana, así como anteriormente también a un niño que ahora no está en el piso.

 

El brigada Ribot ordenó a uno de sus agentes que fuera a buscar a la madre de Teresita para que pudiera identificar a la niña, pero al no encontrarla en su domicilio el policía regresó con una vecina llamada Carmen Alsina, quien al ver a la pequeña la reconoció de inmediato. Poco después llegó su madre, que se hallaba en el puerto de Barcelona controlando a los emigrantes que partían, por si alguno lo hacía con Teresita. Cuando pudo ver y abrazar a su hija, fue tal el choque emocional que sufrió Ana que tuvo que ser atendida por las asistencias.

 

Teresita junto al alcalde Joaquin Sostres y los policías que la liberaron.
Teresita junto al alcalde Joaquin Sostres y los policías que la liberaron.

 

Enriqueta fue trasladada a la antigua Jefatura de Policía de la calle Sepúlveda, cuyo jefe  era José Millán Astray,(padre del fundador de la Legíon) donde fue reconocida por su nombre y apellidos: Enriqueta Martí i Ripollés, de 43 años de edad y con antecedentes por prostitución  y corrupción de menores en un burdel de la calle Minerva nº 6 de la ciudad condal.

 

Enriqueta Martí es c onducida a la comisería.
Enriqueta Martí es conducida a la comisaría.

 

El público frente a la comisaría aguardando la salida de Enriqueta.
El público frente a la comisaría aguardando la salida de Enriqueta.

 

Ciudadanos persiguiendo el coche donde Enriqueta iba detenida.
Ciudadanos persiguiendo el coche donde Enriqueta iba detenida.

 

Joan Pujaló, al conocer la detención de Enriqueta, se presentó a declarar voluntariamente  manifestando que Angelita no era hija suya ni de Enriqueta. Más tarde los galenos corroboraron que Enriqueta jamás había parido.

 

Ante la evidencia de las pruebas, Enriqueta declaró que Angelita no era su hija y que se la había arrebatado al nacer a su cuñada María Pujaló, hermana de Joan, cuando la asistió en el parto, diciéndole que el bebé había nacido muerto.

 

En lo que se refiere al niño con la cabeza rapada que su vecina Claudina manifestó haber visto en alguna ocasión a través del ventanuco, Enriqueta dijo que se trataba de Pepito, un niño de cinco años que le habían dejado unos desconocidos para que lo cuidara, pero que como había enfermado lo había llevado lejos de Barcelona para que se mejorara.

 

Teresita, a preguntas de la policía, reveló que cuando Enriqueta la había llevado al piso lo primero que había hecho había sido raparle la cabeza para que no sintiera picores. Le había prohibido que se asomara a ninguna ventana y le había dicho que a partir de aquel momento tenía que llamarle mamá.

 

Por su parte, Angelita manifestó que ella había conocido a Pepito. Se trataba de un pequeño rubito de su misma edad, con el que jugaba en el piso. Un día en que yo estaba en la cama, continuó Angelita, oí unos ruidos muy raros. Me levanté silenciosamente y vi como mamá sobre la mesa del comedor le estaba clavando a Pepito un gran cuchillo. Me volví a la cama muy horrorizada, simulando dormir.

 

El pequeño Pepito
El pequeño Pepito

 

Las niñas añadieron en su declaración que, aprovechando una tarde en que Enriqueta no estaba en el piso, Angelita le había propuesto a Teresita husmear en las habitaciones donde su mamá les había prohibido ir. Caminando en la oscuridad habían tropezado con un saco en cuyo interior se hallaba un cuchillo y unas ropas de niño ensangrentadas.

 

Los policías, al registrar el piso, descubrieron  en una de aquellas mugrientas habitaciones  un armario con ropa de niña y de niño y con zapatitos a juego. En otro compartimento encontraron lujosos vestidos, medias de seda y pelucas que Enriqueta utilizaba en sus salidas nocturnas.

 

Apareció también el saco al que se habían referido las niñas, con un gran cuchillo y ropa de niño manchada de sangre en su interior, así como diferentes pequeños huesos pertenecientes a criaturas, tales como rótulas, clavículas y costillas.

 

Periodistas mostrando prendas escondidas en uno de los armarios.
Periodistas mostrando prendas escondidas en uno de los armarios.

 

En otro armario aparecieron infinidad de recipientes con sangre coagulada, cremas, ungüentos  y potingues. Junto a todo ello se encontró un viejo manual con asombrosas fórmulas y una libreta con composiciones de curandero manuscritas en catalán con una excelente caligrafía.

 

En un cajón totalmente disimulado de un rincón del armario la policía halló un paquete que contenía cartas escritas en clave, contraseñas, iniciales y una lista con nombres y direcciones  de personajes ilustres de la ciudad tales como abogados, políticos, médicos, artistas y empresarios.

 

Curiosamente, entre aquellas habitaciones inmundas sorprendió la  aparición de un lujoso salón decorado con primorosa elegancia. Tanto los muebles, lámparas, cortinas y cuadros tenían un gran valor.

 

A la vista de los escabrosos hallazgos la policía continuó escudriñando en los diferentes pisos donde Enriqueta había habitado durante los últimos diez años.

 

En la calle Picalqués nº 3 bis, encontraron un hueco disimulado entre las paredes donde se ocultaban varios huesos de manos de niños.

 

Un falso tabique en el piso de la calle Picalqués donde se encontraron huesos de niños.
Un falso tabique en el piso de la calle Picalqués donde se encontraron huesos de niños.

 

Buscando más restos humanos en la casa de la calle Picalqués.
Buscando más restos humanos en la casa de la calle Picalqués.

 

En un piso de la calle Tallers nº 72, localizaron más huesos y dos melenas rubias de niñas que seguramente guardaba para vender, pues con el pelo natural se confeccionaban pelucas.

 

En el jardín de una casita de la calle Jocs Florals número 155 apareció el cráneo con restos de cabellos perteneciente a un niño, así como más huesos de criaturas de entre tres y ocho años.

 

Calle Jocs Florals nº 155
Calle Jocs Florals nº 155

 

Jardín de la calle Jocs Florals nº 155
Jardín de la calle Jocs Florals nº 155

 

Finalmente, en una casa de Sant Feliu de Llobregat descubrieron textos, recetarios  y más tarros con extraños contenidos.

 

De  entre las niñas y niños secuestrados y asesinados por Enriqueta fueron identificadas al menos doce criaturas. 

 

Víctimas de Enriqueta Martí
Víctimas de Enriqueta Martí

 

Más víctimas de Enriqueta Martí
Más víctimas de Enriqueta Martí

 

Enriqueta declaró en el interrogatorio que era curandera y que tenía un público asiduo al cual vendía los diferentes brebajes y potingues que elaboraba con los cadáveres de los niños, a los que previamente había explotado y utilizado como objeto de placer para su pervertida clientela.

 

El horroroso suceso caló hondo en toda España, especialmente en el pueblo catalán, convirtiéndose en continuo tema de conversación en todos los círculos de la ciudad condal.

 

Incluso uno de los principales rotativos a nivel nacional, bajo el titular  “Los misterios de Barcelona” le dedicaba diariamente un par de páginas con las últimas noticias.

 

20-2

 

Para acallar las voces de indignación y calmar los ánimos de los ciudadanos en lo que se refería a la famosa lista encontrada, en la que aparecían los nombres y domicilios de personalidades muy importantes e influyentes de la vida barcelonesa, las autoridades y los medios de comunicación se apresuraron a desmentir que se tratara de pederastas asiduos del prostíbulo de Enriqueta.

 

21

 

El periódico ABC publicó que se trataba de gente respetable y caritativa que, mediante engaños de Enriqueta, ayudaban a ésta cuando acudía a sus domicilios a mendigar limosna, acompañada siempre de algún niño harapiento.

 

Se especula que la monstruosa y tétrica sucesión de crueles asesinatos cometidos por Enriqueta se inició cuando, en una de las desenfrenadas orgías de pederastas que Enriqueta organizaba en su burdel, uno de sus clientes había asesinado a un niño, que ella había ocultado para que no se enteraran las autoridades. Después había troceado su cuerpo, separándole los huesos y extrayéndole la sangre y demás sustancias.

 

El jefe superior de policía, José Millán Astray, refiriéndose a Enriqueta la definió como “una neurasténica que se creía curandera, un caso de perversión diabólica que sin duda, añadió, hubiera acabado en una hoguera en la plaza Zocodover de Toledo.”

 

Plaza de Zocodover, Toledo
Plaza de Zocodover, Toledo

 

Millán Astray fue muy generoso en su alusión, porque en realidad  “La vampira de la calle Poniente”, entre otras prácticas, había actuado como prostituta, proxeneta, pederasta, falsa curandera, traficante de órganos, raptora y criminal.

 

Enriqueta fue recluida en la cárcel Reina Amalia, derribada posteriormente en 1936, a la espera de la celebración de un juicio donde tendría que declarar y aclarar todos los enigmas e incógnitas del misterio.

 

Prisión de la calle Reina Amalia.
Prisión de la calle Reina Amalia.

 

Al poco tiempo intentó suicidarse en su celda cortándose las venas con una cuchara de madera. Cuando la noticia trascendió fuera de la prisión, la ciudadanía se alzó enojada manifestando su indignación, ya que la voluntad popular exigía que fuera juzgada y ejecutada en el garrote vil.

 

El garrote vil.
El garrote vil.

 

El pueblo catalán se hallaba todavía muy convulsionado y sensibilizado por los terribles y trágicos acontecimientos ocurridos  apenas tres años antes, en la triste Semana Trágica de Barcelona, por lo que las autoridades se apresuraron a tomar todo tipo de cautelas, temiendo que si moría Enriqueta pudieran producirse disturbios y desórdenes.

 

Semana Trágica de Barcelona.
Semana Trágica de Barcelona.

 

Ordenaron que la cama de Enriqueta estuviera frente a las de sus tres compañeras de prisión, para que éstas la pudieran controlar en todo momento, sobre todo a la hora de dormir, por si se tapaba la cabeza con las sábanas para seccionarse las venas mordiéndose las muñecas.

 

Quince meses después de su detención, para gran tranquilidad de aquellos “caritativos” personajes que figuraban en la famosa lista, los medios de información dejaron de comentar el suceso. Ello, añadido al reciente suceso del hundimiento del trasatlántico Titanic, desvió la atención del público e influyó para que se disipara el interés por el caso y se fuera calmando la ira popular.

 

El trasatlántico Titanic.
El trasatlántico Titanic.

 

Enriqueta murió en la cárcel Reina Amalia el 12 de mayo de 1913, a la edad de 45 años.

 

Fue enterrada en una fosa común del Cementerio del Sudoeste, en la montaña de Montjuic de Barcelona.

 

Panóramica del cementerio de Montjuic.
Panóramica del cementerio de Montjuic.

 

Oficialmente se publicó que había fallecido  víctima de una larga enfermedad producida por un cáncer de útero.

 

Sin embargo, se han barajado diferentes hipótesis: desde que se suicidó en su celda, hasta que murió linchada por sus compañeras en un patio del penal o que la lincharon después de haber sido envenenada por encargo de algún individuo a quien no le convenía que Enriqueta declarara en el juicio.

 

La realidad es que se ha quedado sin descifrar uno de los capítulos más espeluznantes de la historia negra de la Barcelona profunda de principios del siglo XX.

 

El teatro ha recreado su biografía con la “La vampira del carrer Ponent o Els misteris de Barcelona” de Josep Arias Velasco y el musical “La vampira del Raval” del maestro  Albert Guinovart.

 

Cartel de "La vampira del carrer Ponent o els misteris de Barcelona"
Cartel de “La vampira del carrer Ponent o els misteris de Barcelona”

 

Cartel del musical "La vampira del Raval"
Cartel del musical “La vampira del Raval”

 

 

De la historia de Enriqueta Martí se han publicado varias novelas, entre otras: “Los diarios de Enriqueta Martí” de Pierrot;  “El misterio de la calle Poniente” de Fernando Gómez; “La mala dona” de Marc Pastor, “El caso Enriqueta Martí” de Jordi Corominas o “El cielo bajo los pies” y  “Desmontando el caso de la vampira del Raval” ambas de Elsa Plaza.

 

29-los-diarios-de-enriqueta-marti-de-pierrot

 

30-el-misterio-de-la-calle-poniente-de-fernando-gomez

 

31-la-mala-dona-de-marc-pastor

 

32-el-caso-enriqueta-marti-de-jordi-corominas

 

33-el-cielo-bajo-los-pies-de-elsa-plaza

 

34-desmontando-el-caso-de-la-vampira-del-raval-de-elsa-plaza

 

En ésta última, como su título indica, la autora trata de desmentir y desbaratar la más que discutida manipulación que pudiera haberse vertido sobre la patética leyenda negra de Enriqueta Martí i Ripollés.

 

 

La polémica está servida . . .