Mes: mayo 2018

JEANNE WEBER

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JEANNE WEBER

La ogra de la Goutte d’Or de Paris

 

Jeanne Moulinet

 

En torno a la figura de  la ogra de París se han vertido diversas y espeluznantes versiones, sin duda, algunas de ellas muy noveladas.

 

Por mi parte trataré de referirme de forma muy objetiva y resumida a la macabra biografía de esta  monstruosa asesina de niños.

 

La bretona Jeanne Moulinet nació el 7 de octubre de 1874, en la localidad costera de Kérity, al norte de Francia.

 

Partida de nacimiento de Jeanne Moulinet.

 

Kérity

 

Fue la mayor de siete hermanos  de una familia de humildes pescadores. Sus padres  apenas pudieron darle una formación escolar.

 

Pese a hacerse cargo de sus hermanos, Jeanne era una niña sencilla y retraída que se pasaba gran parte del tiempo sumergida en sus meditaciones y, seguramente por timidez, mostraba signos de desconfianza hacia la gente.

 

A los catorce años de edad sus padres la mandaron  a trabajar a una casa pudiente de la comarca. A partir de ese momento jamás regresó al hogar familiar.

 

Más tarde fue cambiando de casas hasta alcanzar su sueño de vivir en París.

 

Paris en el año 1900.

 

Al poco tiempo de llegar a la ciudad del Sena, Jeanne conoció a Marcel Weber.

 

Marcel vivía en el Passage de la Goutte d’Or número 8, un barrio obrero de la capital parisina.

 

Rue de la Goutte d’Or.

 

Calle de la Goutte d’Or alrededor de 1900.

 

Aunque asiduo a la bebida, Marcel era un hombre muy tranquilo que trabajaba como transportista y del que jamás nadie tuvo queja alguna.

 

Marcel y Jeanne se casaron adoptando ésta el apellido de su marido. La pareja tuvo dos niñas y un niño, todos bastante enclenques.

 

El pequeño Marcel fue el único que sobrevivió a la dureza de los  barrios bajos de la capital francesa, ya que sus dos hermanas, al parecer, fallecieron víctimas de una epidemia de bronquitis que arrasaba el país y, aunque los delicados cuellos de las niñas presentaban unas pequeñas señales rojas, el luctuoso suceso no levantó mayores suspicacias, llegándose a creer en el barrio que la desgracia había ocurrido por causas naturales.

 

La muerte de sus dos hijas afectó sobremanera a Jeanne, que entró en una gran depresión, hasta el punto de abandonar las tareas hogareñas y darse a la bebida.

 

Pasaba el tiempo y sus familiares, que siempre se consideraron superiores a ella por su humilde condición de campesina bretona, no comprendían cómo una mujer casada y con un hijo continuaba hundida en la melancolía, desatendiendo sus labores.

 

La gran humildad y tristeza que transmitía Jeanne motivó que algunas vecinas se compadecieran de ella y, mientras acudían a sus trabajos fuera del hogar,  le confiaran la custodia de sus hijitos.

 

Jeanne Weber

 

Dos niños  a cargo de Jeanne aparecieron muertos en distintos domicilios. Los médicos atribuyeron su fallecimiento a una dudosa neumonía, aunque sus cuellecitos mostraban unas tenues marcas rojizas.

 

Un día, la esposa de su cuñado Pierre Weber visitó a Jeanne para  pedirle que fuera a su casa para cuidar a sus dos hijas, mientras ella acudía al lavadero.

 

Suzanne tenía cerca de tres años y Georgette dieciocho meses y ambas estaban recuperándose de una pulmonía.

 

Jeanne se desplazó hasta la casa de su cuñada. Le dijo que no se preocupara y se tomara todo el tiempo que hiciera falta, pues sobradamente conocía ella lo que era cargar con un balde lleno de ropa y dirigirse al lavadero para, con una pastilla de jabón, frotar, restregar y aclarar la ropa.

 

La esposa de Pierre se hallaba aclarando la colada, cuando recibió la visita de una de sus vecinas, la señora Pouche, quien, muy alarmada, le dijo que acudiera rápidamente a su casa ya que su hija Georgette no se encontraba bien, pues la había oído gritar y parecía ahogarse en brazos de su cuñada.

 

En su casa encontró a Jeanne dándole masajes a la niña ya que su respiración le parecía anormal.

 

La mamá angustiada tomó en brazos a Georgette y la llevó hasta una ventana para que la pequeña inhalara aire puro.

 

La entregó de nuevo a su cuñada, diciéndole que ya se había recuperado y que ella se iba de nuevo al lavadero a terminar la bogada.

 

Al poco rato la fue a buscar su marido Pierre, quien le dijo que le acompañara rápidamente a casa pues Georgette estaba con convulsiones.

 

Al llegar hallaron a su hija muerta sobre la cama, con el rostro amoratado. Su vecina, la señora Pouche, le dijo a Pierre en voz baja que había observado unas extrañas marcas en el  cuello de Georgette y que debería hablar con el médico de ello.

 

Cuando llegó el doctor, Pierre estaba muy nervioso por todo lo sucedido y olvidó comentarle las señales que presentaba el cuello de la niña. El galeno, después de reconocer a Georgette, extendió el certificado de defunción, haciendo constar que la muerte se debió a unas fuertes convulsiones.

 

A los pocos días Pierre y su esposa  tuvieron que ausentarse para solucionar unos asuntos por lo que, de nuevo, acudieron a su cuñada Jeanne para que se quedara al cuidado de la pequeña.

 

Cuando regresaron, al cabo de poco tiempo, encontraron a Suzanne agonizando con el rostro amoratado y con señales en el cuello al igual que sucedió con su hermanita Georgette. Su tía Jeanette, muy afectada y compungida, afirmó que la niña había sufrido ahogos.

 

De nuevo el médico que examinó a Suzanne certificó que la defunción había sido motivada por convulsión y, aunque en esta ocasión fue la señora Pouche quien personalmente le comentó al doctor lo de las extrañas marcas en el cuello, éste lo ignoró en la certificación haciendo caso omiso de la observación de la vecina.

 

Aunque continuaba  la leyenda negra de los extraños fallecimientos de niños en el barrio de Montmartre cuando se encontraban bajo el cuidado de Jeanne, ésta continuó trabajando como niñera.

 

Jeanne visitó la casa de su hermano que se hallaba enfermo y mientras se encontraba allí, Germaine, la hija de éste de siete meses, enfermó repentinamente falleciendo al día siguiente. Los médicos  atribuyeron su muerte a la difteria.

 

Aunque mencionar  el nombre de Jeanne era presagio de mala suerte, precisamente el mismo día del sepelio de Germaine, se conoció la noticia de la muerte de Marcel, único hijo superviviente de Jeanne, en las mismas extrañas circunstancias que los anteriores niños.

 

Era tal la pena que experimentó Jeanne ante la muerte de su hijo que la propia justicia interpretó y confirmó como casual la muerte de los anteriores niños al cuidado de la niñera.

 

El 5 de abril de 1905 Jeanne convidó a cenar a sus dos hermanas. Mientras ellas salían a efectuar unas compras dejaron a su custodia al pequeño Maurice de diez meses.

 

Al regresar hallaron a su hermana, in fraganti, tratando de estrangular a su sobrino.

 

Jeanne fue detenida y juzgada el 29 de enero de 1906 bajo la acusación de asesinato de varios niños. Sorprendente, fue declarada inocente y liberada a principios de febrero, basándose en los certificados de los médicos en los que se alegaba que las muertes se habían  producido por causas naturales.

 

Al poco tiempo, Marcel y su esposa se separaron. Jeanne viajó entonces a la ciudad de Villedieu, donde cambió su nombre por el de madame Moulinet. Allí se colocó como sirvienta de la familia Bavouzet.

 

Villedieu, Francia.

 

Sylvain Bavouzet

 

El 7 de abril de 1907, Auguste, hijo de los Bavouzet, fue encontrado muerto en su lecho. Como las anteriores criaturas, el niño tenía unas marcas en el cuello y de nuevo, inexplicablemente, el forense certificó que su fallecimiento había sido debido a unas convulsiones.

 

El cadáver del pequeño Auguste.

 

Al cabo de un mes, otra hija de los Bavouzet, ojeando unas antiguas ediciones de “Le Petit Journal”, descubrió en unas fotografías que la supuesta madame Moulinet no era otra que Jeanne Weber, por lo que ésta fue denunciada, detenida y acusada de asesinato.

 

Le Petit Journal.

 

En diciembre de 1907 Jeanne fue juzgada pero, al no poder demostrarse que hubiera sido ella la autora del crimen, fue absuelta.

 

De Villedieu se trasladó a Fourchambault, Borgoña, donde se empleó como camillera en un hospital. Más tarde, el doctor Georges Bonjeau, presidente de la Sociedad Protectora de los Niños , “para reparar las equivocaciones que los jueces habían causado a una mujer honesta”, la tomó como cuidadora en el orfanato de Orgeville.

 

Fourchambault, Francia.

 

Orgeville, Francia.

 

A la semana siguiente sorprendieron a Jeanne intentando asfixiar a una criatura. A Bonjeau no le quedó más remedio que despedir a Jeanne, pero no la denunció para no tener que admitir su grave error.

 

La ogra decidió volver a París  y dedicarse a la prostitución. En la casa donde se hospedaba fue atrapada por el propietario estrangulando a su hijo Marcel. El padre tuvo que golpearla insistentemente para que soltara el cuerpo sin vida del pequeño de diez años de edad.

 

Los periódicos comentaron la muerte de Marcel.

 

El ultimo crimen de la ogra.

 

Nuevamente Jean Weber fue arrestada y juzgada. El 25 de octubre de 1908 el veredicto fue de culpabilidad, acusada de asesinar, como mínimo, a diez niños.

 

Jeanne arrestada.

 

No obstante, la internaron en el centro mental en Maréville, Nueva Caledonia, alegando que la ogra era una perturbada.

 

Vista general del Centro de Maréville.

 

Jeanne en Nueva Caledonia.

 

El 5 de julio de 1918 Jeanne Weber se suicidó, estrangulándose a sí misma con sus propias manos.

 

Que fue realmente Jeanne, ¿una maníaca asesina, o una pobre desequilibrada mental? . . .

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