MONTSERRAT CABALLÉ

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MONTSERRAT CABALLÉ 

 

La soprano de la eterna sonrisa. . .

 

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María de Montserrat Bibiana Concepción Caballé Folch, mundialmente conocida en el mundo de la lírica como Montserrrat Caballé, nació en Barcelona el 12 de abril de 1933. 

 

Fueron sus padres el tarraconense Carlos Caballé Borrás y la valenciana Ana Folch. En 1932 el matrimonio se trasladó a vivir al popular barrio de Gracia de Barcelona, concretamente a la calle Igualada número 20, donde un año más tarde vino al mundo la pequeña Montserrat.

 

Los padres de Montserrat el día de su boda.

 

Placa en el edificio donde nació

 

El estallido de la Guerra Civil española dejó a la familia huérfana del privilegio económico que habían disfrutado hasta entonces, quedando en una posición muy humilde. Para mayor desgracia, Carlos, su padre, fue malherido en la contienda y tuvo que soportar el resto de su vida unos problemas cardíacos derivados de las heridas.

 

Montserrat con sus padres.

 

Su madre, Ana, le enseñó a Montserrat los principios básicos del solfeo y,  gracias a ello, en 1941 logró entrar en el Conservatorio Superior de Música del Liceo, para estudiar canto, solfeo y piano. Cuando el director del Conservatorio escuchó la calidad del timbre de la voz de Montserrat  creyó que había motivos suficientes para conseguirle una beca.

 

Montserrat de niña.

 

Al año siguiente nació su hermano Carlos quien, a la postre, años después, se encargaría de toda la organización artística de la familia.

 

Debido a la delicada salud de su padre la familia se trasladó a vivir a La Floresta, distrito de San Cugat del Vallés, en la provincia de Barcelona. Durante ese tiempo Montserrat abandonó las clases para poder atender a su hermano.

 

Panorámica de La Floresta.

 

En 1945 regresaron a Barcelona para instalarse en un humilde piso del barrio de Les Corts y en septiembre de 1949 Montserrat reinició sus estudios de voz.

 

Una nueva recaída en la salud de su padre con una posterior intervención quirúrgica, obligó a la joven a trabajar durante el día en una fábrica y a asistir por la noche a sus estudios en el Liceo, aunque finalmente tuvo que dejar de tomar clases para poder aportar más a la precaria economía doméstica.

 

En esos momentos difíciles pidieron ayuda a Joan Antoni Bertrand, un industrial textil socio propietario del Gran Teatro del Liceo, el cual preparó una pequeña función ante un seleccionado grupo de amistades de la música en el que se encontraban, entre otros, el célebre tenor alemán Max Lorenz; Julius Katchen, pianista estadounidense y Alicia de Larrocha, la gran pianista española.

 

Max Lorenz

 

Julius Katchen

 

Alicia de Larrocha

 

Montserrat, con diecisiete años, fue convidada a cantar ante ese elitista grupo de personalidades melómanas, que quedaron impresionadas con su voz.

 

Durante sus estudios de canto en el Conservatorio del Liceo, Montserrat hizo grandes esfuerzos pasando dos cursos por año. Allí tuvo la fortuna de conocer a profesores que contribuyeron positivamente en su educación musical, como Napoleone Annovazzi, responsable artístico del Liceo en los años 1941-1953, de quien recibió clases de contrapunto, armonía,  orquestación y la aconsejó sobre su repertorio más adecuado; Conchita Badía, gran soprano y pianista a quien la Caballé consideró siempre su madre musical; Eugenia Kemeny, una soprano dotada de gran técnica, experta en temas wagnerianos, afincada en la ciudad  condal después de la Segunda Guerra Mundial; y Pere Vallribera, pedagogo, compositor y eminente pianista.

 

Napoleone Annovazzi

 

Conchita Badia

 

Montserrat Caballé con Eugenia Kemeny.

 

Pere Vallribera

 

A los 21 años de edad, celebró Montserrat su examen de final de curso cantando arias de “Las bodas de Fígaro”, “La sonámbula” y  “El cazador furtivo”.

 

Entre los nervios del momento y que no se encontraba bien durante la interpretación de esta última pieza, Montserrat se desvaneció. Este incidente motivó que el jurado, injustamente, no le concediese la medalla de oro del Conservatorio que sin duda había merecido.

 

Su primer recital público lo dio el 20 de enero de 1955 en el Palau Güell junto a una arpista, un flautista y con Pere Vallribera al piano. Seis meses después, en una conferencia de Napoleone Annovazzi, actuó en el Casal del Metge de Barcelona.

 

Palau Güell.

 

El 17 de junio de ese mismo año tuvo lugar su primer debut escénico en el Teatro Fortuny de Reus interpretando, con la compañía de Ópera de Cámara de Barcelona dirigida por Napoleone Annovazzi, el papel de Servina en “La serva padrona”. Pocos días después repitió con el mismo reparto en Figueres, Girona, y en Teatro Principal de Valencia.

 

Fachada del Teatro Fortuny de Reus, Tarragona.

 

Su primer concierto en solitario lo realizó en la Sala Vila Arrufat de Can Bartomeu, Pedralbes, el 10 de julio siguiente, al parecer auspiciada por Conchita Badía.

 

Casa Bartomeu.

 

Tras varios intentos fallidos en Nápoles  y Roma, en 1956 tuvo la oportunidad de actuar en el Teatro Municipal de Basilea, Suiza, en algunas sustituciones de poco relieve.

 

Aunque la dirección del teatro no contaba con Montserrat para papeles de importancia, la fortuna quiso que un año después la soprano que debía interpretar Mimí en “La Boheme” cancelara sus actuaciones. Su substituta natural estaba enferma y la segunda se hallaba ausente. La Caballé aprovechó su oportunidad y su actuación convenció a la dirección del teatro, quienes a partir de ese momento le confiaron papeles en “Pagliacci”, “Aida”,  “Arabella”, “Tosca”, ó “Salomé”.

 

A partir de entonces Montserrat fue considerada como una de las cantantes fijas de la Ópera de Basilea, lo que le permitió actuar ocasionalmente en otros teatros.

 

En febrero de 1959 hizo su debut en la Ópera de Viena interpretando el papel de Donna Elvira de “Don Giovanni”. Gustó tanto su actuación que fue invitada a representar “Salomé” el siguiente 10 de mayo.

 

La  dirección de la Ópera de Bremen, Alemania, la contrató en la temporada 1960-1961, donde tuvo la oportunidad de especializarse en el estilo vocal del bel canto.

 

En esa época actuó en Lisboa, Portugal, y debutó en La Scala de Milán, Italia, como una de las muchachas-flor de “Parsifal”.

 

En el teatro La Scala de Milan en “Parsifal”.

 

En su regreso a Barcelona debutó, el 7 de enero de 1962, en el Gran Teatro del Liceo con “Arabella”, siendo aclamada por el público y cosechando muy buena crítica.

 

En 1963 debutó en La Coruña con “Madama Butterfly” y allí conoció al tenor aragonés Bernabé Martínez Remacha (Bernabé Martí en el mundo artístico) con el que compartió escenarios en muchas ocasiones y con el que contrajo matrimonio en el Monasterio de Santa María de Montserrat, Barcelona, el 14 de agosto de 1964.

 

Montserrat y Bernabé en “Madama Butterfly”.

 

 

Su boda con Bernabé Martí.

 

La pareja tuvo dos hijos: Bernabé, nacido en 1966 y Montserrat, en 1972.

 

Montserrat con su marido y su hijo Bernabé en la Gallería Vittorio Emanuele II de Milán.

 

El Carnegie Hall de Nueva York fue testigo del primer gran éxito internacional de la diva. Fue el 19 de abril de 1965, cuando tuvo que sustituir por indisposición a Marilyn Horne en “ Lucrezia Borgia”. Su actuación causó tal sensación que el público puesto en pie la estuvo aplaudiendo durante media hora.

 

Marilyn Horne

 

El periódico New York Times dijo de ella al día siguiente: ” Renata Tebaldi + Maria Callas = Montserrat Caballé “.

 

Renata Tebaldi

 

Maria Callas

 

A partir de esa memorable  interpretación se le abrieron las puertas de las principales discográficas y de los escenarios más importantes del mundo.

 

Debutó ese mismo año en el Glyndebourne Festival de Inglaterra y en el Metropolitan Ópera de Nueva York con la obra “Fausto”.

 

En el Metropolitan Ópera de Nueva York.

 

Después de sus grandes éxitos en el extranjero se presentó en 1966 en el Liceo barcelonés con “Il trovatore”, consiguiendo el gran reconocimiento del público y la crítica de su ciudad natal.

 

En 1969, junto al tenor español Plácido Domingo y la mezzo-soprano italiana Fiorenza Cossotto, cantó “Don Carlo” en el anfiteatro romano de la Arena de Verona, Italia, otro hito importante en la carrera de la soprano que provocó una larguísima ovación por parte del público.

 

 

En 1972 regresó a La Scala de Milán, Italia, para interpretar el papel protagonista de “Norma”.

 

En el Royal Ópera House-Covent Garden de Londres cantó “La Traviata”.

 

Junto a artistas de la talla de Birgit Nilsson, Leontyne Price, Zinka Milanov, Renata Tebaldi, Régine Crespin y Eleanor Steber, actuó en 1977 en la gala de clausura del antiguo Metropolitan de Nueva York.

 

Birgit Nilsson

 

Leontyne Price

 

Zinka Milanov

 

Régine Crespin

 

Eleanor Steber

 

El antiguo Metropolitan de Nueva York.

 

Con Luciano Pavarotti, ese mismo año, cantó “Turandot” en San Francisco, Estados Unidos.

 

Con Luciano Pavarotti en “Turandot”.

 

Montserrat con el actor Danny Kaye y Luciano Pavarotti en la Ópera de San Francisco.

 

En el Festival de Aix-en-Provence, Francia, interpretó en 1980 “Semiramide”.

 

Montserrat Caballé en 1982

En 1983 sufrió una insuficiencia cardíaca.

 

Actuó en 1985 en la Casa Blanca ante el presidente Ronald Reagan.

 

El presidente Ronald Reagan.

 

Junto al tenor catalán José Carreras intervino en 1986 en la película “Romanza final”, basada en la biografía de Julián Gayarre.

 

 

La extraordinaria versatilidad en el timbre de su voz unida al exquisito gusto y a su gran técnica vocal permitieron a Montserrat Caballé interpretar más de ochenta papeles distintos, desde ópera barroca hasta obras de Strauss, pasando por Verdi, Puccini y Wagner.

 

Hizo varias incursiones en la música pop y grabó álbumes y discos, bien como solista o a dúo con artistas de este género musical, como por ejemplo el tema “Sevilla” junto a su hija Montserrat y el cantante Miguel Bosé.

 

 

En esa época a Montserrat se le diagnosticó un tumor cerebral benigno.

 

Su grabación, entre 1986 y 1988, del álbum “Barcelona”, junto al desaparecido cantante de rock Freddie Mercury, constituyó un gran éxito popular y su tema principal, mezcla de pop y ópera, se convirtió en el himno de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.

 

 

En 1990 actuó en un concierto en Munich, Alemania, donde obtuvo un éxito sin precedentes.

 

 

Como buena catalana jamás dejó de cantar en el Gran Teatro del Liceo incluso durante la crisis que padeció el local al final de los años 70.

 

Cuando el teatro quedó convertido en cenizas por el incendio del 31 de enero de 1994, Montserrat se implicó personalmente en las tareas de su reconstrucción.

 

Montserrat entre las ruinas del Gran Teatro del Liceo.

 

Fue intervenida de una hernia epigástrica en 1996, dolencia que se le repitió en 2000 y 2001.

 

Durante una gira por Rusia, el 20 de octubre de 2012, sufrió un pequeño ictus que le causó fractura de húmero. Trasladada urgentemente al Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona, fue dada de alta once días más tarde.

 

Hospital de la Santa Cruz y San Pablo.

 

Ello no le impidió, el 3 de enero de 2012 apoyada en una muleta forrada de negro, celebrar en el restaurado Gran Teatro del Liceo el 50º aniversario de su debut en el mismo. Estuvo arropada por su hija Montserrat y amigos como el tenor catalán Josep Carreras, el tenor peruano Juan Diego Flórez ó el barítono menorquín Joan Pons entre otros. Como en las grandes ocasiones, la Caballé vio cómo el público y la crítica se rendían de nuevo ante ella.

 

 

 

Su hija Montserrat Martí Caballé

 

Josep Carreras

 

Juan Diego Flórez

 

Joan Pons

 

La diva compartió escenario en numerosas ocasiones con las mejores voces masculinas de la ópera. Su propio esposo Bernabé Martí, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Jaume Aragall o Josep Carreras fueron algunos de ellos.

 

Con su esposo Bernabé Martí.

 

Con Luciano Pavarotti.

 

Con Plácido Domingo.

 

Con Jaume Aragall.

 

Con Josep Carreras.

 

Su última actuación se produjo el 2 de agosto de 2014 en el Festival Internacional de Música de Cambrils, Tarragona, donde actuó junto a su hija Montserrat y otros muchos artistas.

 

Con su hija Montserrat en el Festival Internacional de Cambrils, Tarragona.

 

Debido a unos problemas en la vesícula biliar que se fueron agravando Montserrat falleció, a los 85 años de edad, en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo el pasado 6 de octubre de 2018, siendo enterrada dos días después, junto a sus padres, en el cementerio de San Andrés de Barcelona.

 

Cementerio de San Andrés.

 

Al entierro asistieron personalidades del mundo de la política y la cultura.

 

Bernabé Martí, esposo de Montserrat, con sus hijos Montse y Bernabé en la misa funeral celebrada en la Catedral de Barcelona.

 

Durante sus más de cincuenta años de carrera profesional cosechó distinciones y premios nacionales y extranjeros, como la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya, la Medalla de Oro del Gran Teatro del Liceo, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, la Medalla de las Artes de la Comunidad de Madrid, su nombramiento como Doctora Honoris Causa por la Universidad Menéndez Pelayo y la entrega de la Gran Cruz de Caballero de la Orden al Mérito de la República Italiana, entre muchos otros. 

 

Con la medalla del Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

 

Tras ser investida Doctora Honoris Causa en presencia del exdirector de la UNESCO Federico Mayor Zaragoza.

 

Colaboró en obras de beneficencia y fue nombrada embajadora de buena voluntad de la Unesco.

 

Montserrat Caballé fue una mujer muy cercana, de gran humanidad y dotada de un inmenso sentido del humor. De ello puede dar fe este modesto relator quien, hace más de dos décadas, durante un viaje profesional a Milán, Italia, coincidió en el avión con la ilustre catalana como compañera de asiento.  

 

Recuerdo que mis primeras palabras de salutación en catalán fueron: “Doña Montserrat, ¡qué sorpresa y que gran honor poder compartir con usted este viaje!”. Ella me respondió: “Por favor, llámame Montse y no me trates de usted”.

 

Tuvimos una conversación muy amena, me comentó que viajaba a la ciudad italiana para cumplir unos contratos en el teatro La Scala. Se interesó por mi profesión y me contó innumerables anécdotas de su carrera, acompañadas en todo momento por una contagiosa sonrisa que iluminaba su rostro.

 

En un momento de la charla le manifesté que en la ciudad de Murcia tenía un buen amigo y cliente, propietario de la tienda de moda más prestigiosa de la ciudad, el cual era un incondicional admirador suyo, hasta el punto que cada vez que actuaba ella en el Gran Teatro del Liceo, él se desplazaba puntualmente desde Murcia a Barcelona, con cualquier excusa, para asistir a las representaciones.

 

En aquel momento Montse soltó una de sus chispeantes carcajadas y abriendo su bolso sacó de su interior un abanico de fotos diciéndome: “Escoge las que más te gusten porque se las voy a dedicar a tu amigo”. Al bajar del avión nos despedimos con un beso.

 

 

 

Al poco tiempo, en uno de mis frecuentes viajes por la piel de toro, me desplacé a Murcia y visité la boutique de mi amigo. Le expliqué las anécdotas de mi viaje en avión a Milán junto a la diva catalana y le entregué las tres fotos que ella cariñosamente le había dedicado.

 

Me dijo: ”Este es uno de los mejores regalos que he recibido nunca”. Me abrazó y me dio las gracias al tiempo que de sus ojos asomaban unas lágrimas. ¿Te acuerdas Rogelio?

 

Montse, la soprano de la eterna sonrisa, descansa en paz. . .

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